—te haz desviado mucho de mí camino, hijo mío...— hablo resignado el dios, suspirando mientras apartaba la mirada; odiaba como sus hijos pedían su ayuda solo en tiempos de necesidad. Y ese en específico, tal vez necesitaba un golpe de realidad.
—¿Emm?— sin embargo, el dios todo poderoso no era el único quien escucho la plegaria, la diosa del amor, la belleza y fertilidad -entre otras cosas- bajo la miraba para ver quién era el orador, solo para fruncir el ceño luego de verlo. —...a si que eres tú, ¿No te basto que haya sido tan bondadosa de darte una belleza única?— cuestionó la diosa, sentándose en su lugar para ver la persecución. — si que eres molesto.— pronunció, recordando todas las veces que el joven ateo pedía y pedía a los dioses.
La diosa, entre cerró los ojos, estabas realmente cansada, y aburrida, su mente le decía que debía dejar al joven a su suerte... Pero, una idea cruzo por su mente de golpe, haciéndola sonreír con malicia; volviendo su vista a la persecución, riendo mientras su mente maquinaba.
—¿Ibas a hacer lo que sea? Bien... — cerró los ojos, deleitándose con la idea que cruzó por su cabeza. — ya que insistes, ahora seras mí juguete... el protagonista de mí odisea, Monkey D. Luffy.— ella río desquiciadamente, los otros dioses la miraban confundidos.