"Hace mucho, mucho tiempo . . .
Existió un pequeño dragón.
El pequeño dragon vivía en un lugar alejado del mundo, solo, triste, temeroso de que un destino cruel se cumpliese a través de el. Por eso mismo el pequeño dragón se aisló por compmeto y decidió no herir a nadie jamás. Más, por ese mundo pasó un gato callejero, quien comprendió al pequeño dragón y decidió llevarlo consigo para enseñarle un mundo colorido, diferente al monocromático que el pequeño dragón conocía.
Con el pasar del tiempo, el pequeño dragón y el gato callejero se enamoraron y decididos a demostrar su amor, plantaron una pequeña semilla. De la semilla nació una Eustoma, cuyo púrpura era radiante, lleno de vida. Ambos admiraron la belleza de la flor nacida de su amor, pero esta admiración no duró mucho pues, la oscuridad atacó y en su afán por proteger a la bella Eustoma, el pequeño dragón murió y con el, la capacidad de sentir del gato callejero.
El gato callejero culpo a la Eustoma (el símbolo de su amor con el pequeño dragón) y la abandonó. Ella quedó sola y triste, sin nada ni nadie que la acompañase hasta que apareció un pequeño rábano que cuidó con mucho amor a la abandonada Eustoma hasta que esta tuvo la capacidad de mirar por si misma, pero la Eustoma, en un acto de agradecimiento la rábano, decidió no apartarse de el jamás".