Siempre fui el blanco perfecto para el ataque, nunca estuve lista para el combate, al ser un libro abierto, la flecha siempre supo dirigirse a la estaca, tu palabra quemaba, el fuego me desarmaba y no se diga de mí blasfemia interna, siempre supiste activar mi sistema de defensa para que esta se liberara y me cortara, dejándome sangrar como el blanco perfecto.