La tienda olía a polvo viejo y a promesas rotas. Me gustó de inmediato. Las vitrinas estaban llenas de porcelana agrietada, sonrisas congeladas en el tiempo, miradas que parecían saber demasiado. Fue ahí donde lo vi.
El muñeco estaba sentado en una repisa baja, como castigado. Moreno, con vitíligo pintado con un cuidado casi reverente, manchas claras rompiendo su piel oscura como constelaciones torcidas. Su cabello largo, café con mechas blancas, caía en ondas suaves, demasiado real para algo que no respira. Un letrero diminuto decía su nombre: Blitz.
«Es hermoso», pensé, y algo dentro de mí se estremeció, como si hubiera dicho una verdad peligrosa.
—¿Le interesa ese? —preguntó el vendedor, con una voz áspera, de esas que han dicho demasiadas groserías en la vida.
Asentí. No hacía falta decir más. Él sonrió de lado, una sonrisa sucia, incómoda.
—Ese muñeco trae mala vibra, ¿sabe? Hay gente que dice que está jodido.
No respondí. Yo no creo en vibra… pero sí en el peso de las cosas olvidadas.
Lo llevé a casa envuelto en papel negro. En el trayecto, juraría que el coche se sentía más frío. No miré dentro de la caja. No quería romper el hechizo.
Ya en mi habitación, lo senté frente a mí. La luz de la lámpara hacía que sus ojos de vidrio brillaran distinto, casi atentos. Demasiado atentos.
stolas va a ser yandere dev ok