Sus ojos inyectados en sangre me están mirando fijamente aunque parece distante. Como si su mente estuviese en otro lado y no aquí.
—¡Tengo a nuestro hombre! —el grito de Nika hace que su cuerpo se sacuda—. ¿Por qué estás..? —se para detrás de mí y los ojos que me miraban con alivio hace un instante se agrandan con miedo, y eso no me gusta.
—¡Quítate! —ladro volviéndome hacia mi hermano que parece congelado mirando detrás de mí, sintiendo un extraño nudo en el estómago al ver a la mujer hacerse más pequeña en el lugar por su culpa.
—¿Están muertas? —pregunta.
Una corriente de enojo me recorre, y doy un paso hacia Nika, interponiendo mi cuerpo entre él y la chica.
—Apártate de la m@ld1t@ puerta —gruño con voz tensa. Nika aparta los ojos de la chica y me mira con cautela dando un paso hacia atrás—. Llama a Doc, lo quiero en casa ahora —demando.
—Estoy en ello —asiente y finalmente se quita de la entrada, saca su teléfono y lo escucho dar órdenes a Doc mientras se aleja.
Rápidamente regreso mi atención a la mujer que permanece mirándome de rodillas. Suavizo mi expresión intentando verme menos amenazante, lo que es poco probable por toda la sangre en mi cuerpo y mi gran tamaño. Su mirada apagada no abandona mi cara, su cabeza está inclinada dolorosamente hacia atrás y la detallo sin hacer ningún movimiento para no asustarla más. Incluso pensar en levantarla parece una mala idea, luce tan frágil que parece, que se romperá al mínimo toque. Lentamente retiro mi saco y doy un paso hacia ella, nada. No intenta levantarse y huir, no se mueve en absoluto.
—No voy a lastimarte —digo suavemente dando otro paso—. Ahora estás a salvo.