mariajosemontes24

Y luego, sí, también están esos pequeños detalles que lo hacen ser único; como esa forma tan peculiar que tiene de tomar la taza de té, esa manera de sentarse que solo le queda bien a él, ese estilo único para maniobrar las espadas...
          	Cada manía, cada gesto.
          	
          	
          	Esos preciosos ojos plateados que te atraviesan, esa mirada llena de misterio pero también de dolor. Unos ojos que han visto toda la miseria de este mundo y que aún así se iluminan cada día con un propósito. 
          	
          	Sus labios, pequeños pero elocuentes, finos pero también sarcásticos, a veces malhablados también, sí, pero siempre sinceros.
          	
          	
          	Sus manos, que seguramente serán frías y ásperas, producto de cada entrenamiento y cada batalla, pero a la vez tan pequeñas y suaves, tan hábiles y expertas. 
          	
          	Sus rasgos tan finos pero tan masculinos a la vez; esa nariz pequeña, perfilada y preciosa, que hace juego con su perfectamente afilado mentón. Su pelo, y ese peinado tan de “niño lindo”, tan bien cuidado, tan suave; pero a su vez tan rudo, tan negro, tan imponente.
          	
          	Su cuerpo cincelado, musculoso, y flexible, lleno de cicatrices, pero a su vez tan pequeño, tan adorable... Como si su estatura pequeña en contraste con su gran fuerza fuesen la analogía ideal que describe a la perfección su esencia. 
          	
          	Y es precisamente esa dualidad y esa complejidad, lo que te enloquece. Es simplemente imperfecto... y funciona muy bien. Te hace querer ver más. Te hace querer saber más. Te hace amarlo más. 
          	
          	.
          	.
          	. 
          	
          	 
          	Levi, te amo. Y te amo de verdad. 
          	
          	Sí, aunque no existas aquí. 
          	
          	Sí, aunque seas de pixel. 
          	
          	Porque lo sé, soy consciente de eso. 
          	
          	Pero qué más da, 
          	
          	Ackerman, lo único que hiciste mal..

mariajosemontes24

Y luego, sí, también están esos pequeños detalles que lo hacen ser único; como esa forma tan peculiar que tiene de tomar la taza de té, esa manera de sentarse que solo le queda bien a él, ese estilo único para maniobrar las espadas...
          Cada manía, cada gesto.
          
          
          Esos preciosos ojos plateados que te atraviesan, esa mirada llena de misterio pero también de dolor. Unos ojos que han visto toda la miseria de este mundo y que aún así se iluminan cada día con un propósito. 
          
          Sus labios, pequeños pero elocuentes, finos pero también sarcásticos, a veces malhablados también, sí, pero siempre sinceros.
          
          
          Sus manos, que seguramente serán frías y ásperas, producto de cada entrenamiento y cada batalla, pero a la vez tan pequeñas y suaves, tan hábiles y expertas. 
          
          Sus rasgos tan finos pero tan masculinos a la vez; esa nariz pequeña, perfilada y preciosa, que hace juego con su perfectamente afilado mentón. Su pelo, y ese peinado tan de “niño lindo”, tan bien cuidado, tan suave; pero a su vez tan rudo, tan negro, tan imponente.
          
          Su cuerpo cincelado, musculoso, y flexible, lleno de cicatrices, pero a su vez tan pequeño, tan adorable... Como si su estatura pequeña en contraste con su gran fuerza fuesen la analogía ideal que describe a la perfección su esencia. 
          
          Y es precisamente esa dualidad y esa complejidad, lo que te enloquece. Es simplemente imperfecto... y funciona muy bien. Te hace querer ver más. Te hace querer saber más. Te hace amarlo más. 
          
          .
          .
          . 
          
           
          Levi, te amo. Y te amo de verdad. 
          
          Sí, aunque no existas aquí. 
          
          Sí, aunque seas de pixel. 
          
          Porque lo sé, soy consciente de eso. 
          
          Pero qué más da, 
          
          Ackerman, lo único que hiciste mal..

mariajosemontes24

Increíble como me enamoré de un dibujo. Literalmente este hombre es mi vida, no exagero. Me despierto, pienso en él, cualquier cosa me recuerda a él. Duermo y le pido al cielo soñar con él para poder estar a su lado aunque sea en sueños. 
          
          Suspiro por él, y no solo porque sea guapo. Lo amo aunque tenga mil cicatrices y haya envejecido ahora; lo amo por quien es, por su fuerza física y mental, por esa dualidad que lo hace tan masculino, rudo y aterrorizante, pero a la vez tan limpio, elegante y emocional. Tan duro, pero a su vez tan frágil.
          
          
          Lo amo por su inteligencia, la forma que tiene de manejar sus emociones aún en los peores escenarios, esa capacidad única de no dejarse llevar por las circunstancias, de seguir adelante sin importar que el mundo sea una mierda, sin intereses propios, solo haciendo lo que debe ser hecho. Sus palabras son tan elocuentes, precisas y sensatas, su actuar tan perspicaz, pragmático y tenaz.
          
          Es un líder nato, seguro de sí mismo, pero a su vez también alberga miedos e inseguridades, que lejos de restarle valor, lo hacen más humano. Miedo de perder a los suyos, de no poder cuidarlos.
          Miedo de encariñarse y que al final ya no estén, como ha sido durante toda su vida.
          
          Un corazón blando que se disfraza de mal genio y frialdad para protegerse a sí mismo, pero tan leal que no duda en proteger primero a las personas que ama.
          
          No, no es un santo ni de lejos. Ha hecho cosas malas. Tuvo un pasado oscuro. Pero creció, aprendió de él, dejó su orgullo para cumplir con su misión, siguió el camino correcto, sin mirar atrás, sin arrepentimientos. Sin ningún interés particular mas que el de servir y ser útil. Simplemente porque sí, porque así es el capitán. 
          
           Y por eso le amo, le amo porque me inspira; porque aunque no exista en este plano he podido aprender de él, y me ha dado fuerzas para seguir.