Y luego, sí, también están esos pequeños detalles que lo hacen ser único; como esa forma tan peculiar que tiene de tomar la taza de té, esa manera de sentarse que solo le queda bien a él, ese estilo único para maniobrar las espadas...
Cada manía, cada gesto.
Esos preciosos ojos plateados que te atraviesan, esa mirada llena de misterio pero también de dolor. Unos ojos que han visto toda la miseria de este mundo y que aún así se iluminan cada día con un propósito.
Sus labios, pequeños pero elocuentes, finos pero también sarcásticos, a veces malhablados también, sí, pero siempre sinceros.
Sus manos, que seguramente serán frías y ásperas, producto de cada entrenamiento y cada batalla, pero a la vez tan pequeñas y suaves, tan hábiles y expertas.
Sus rasgos tan finos pero tan masculinos a la vez; esa nariz pequeña, perfilada y preciosa, que hace juego con su perfectamente afilado mentón. Su pelo, y ese peinado tan de “niño lindo”, tan bien cuidado, tan suave; pero a su vez tan rudo, tan negro, tan imponente.
Su cuerpo cincelado, musculoso, y flexible, lleno de cicatrices, pero a su vez tan pequeño, tan adorable... Como si su estatura pequeña en contraste con su gran fuerza fuesen la analogía ideal que describe a la perfección su esencia.
Y es precisamente esa dualidad y esa complejidad, lo que te enloquece. Es simplemente imperfecto... y funciona muy bien. Te hace querer ver más. Te hace querer saber más. Te hace amarlo más.
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Levi, te amo. Y te amo de verdad.
Sí, aunque no existas aquí.
Sí, aunque seas de pixel.
Porque lo sé, soy consciente de eso.
Pero qué más da,
Ackerman, lo único que hiciste mal..