oportunistas

¿soy quien? ¿ya me cambiaste? estoy por demás herido, necesito una dosis de 800 besos ahora mismo o podés despedirte ya de mi, porque siento que mi muerte se aproxima. 

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No te veo chupándomela. vení ahora. 
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basta de calentar la pava si no vas a tomar mate dicen por ahí. 
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ah, pero yo digo algo parecido y ya soy un depravado, etc etc... 
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siempre encontrás la forma de meterte en lo más profundo de mi ser, creo que más de una vez te lo dije. me encantás, y sinceramente estar a tu lado fue lo más importante que hice en mi vida. Nunca tuve nada, ni a nadie que me hiciera sentir lo que vos hacés florecer en mí. 
          Tuyo para toda la eternidad, porque fue lo único que deseé desde que te conocí. 

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¿Te dió pena? — pronunció en lo que reacomodaba los cabellos rebeldes del ajeno. de forma delicada terminó abandonando los mechones de éste detrás de las orejas del mismo. 
            — siempre podés decirme que pare, no quiero que por timidez no me lo digas — con un semblante calmado volvió a conectar su mirar con los faroles del opuesto, esperando en aquella calidez alguna respuesta. En esos instantes sus manos reposaron en las mejillas de su chico, apretando con cariño la suavidad de éstos.
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Casi febril dejó llevarse sin más, atrapando sin remordimiento alguno aquellos labios que lo incitaban a hacerle perder la cordura. Lo besó con impaciencia, tropezando de vez en cuando en el intento, pero sin despegarse de él. Por el contrario, gracias al beso reforzó también el agarre de su cintura. Sus manos apretaban con ensañamiento la zona, y poco después terminó abandonando los belfos del joven al compás en el cual dejaba al vacío una frase:— no juegues, porque sabes muy bien como termina. 
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imposible decir que no te extrañé, creí haber sido demasiado obvio ¿que más te hace falta para creerme? —  con algo de dulzura canturreó antes de esconder su rostro entre el recoveco del hombro y cuello del más joven. Allí restregó sutilmente su nariz en la zona, suspirando casi febrilmente al llegar a olisquear el aroma que desprendía. 
            —siempre me gustó tu olor, no sé cómo describirlo pero me dan hasta ganas de morderte. — soltó el secreto entre pequeñas risas, casi aceptando la derrota. 
            Hallándose en una situación complicada al querer contenerse, deseando besarle hasta el cansancio. 
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