Las suaves risas que mecían flores ahora son ecos distantes en un pasillo oscuro que una vez fue adornado por colores pasteles.
Aquellos ojos brillantes que se asombraban por todo lo que se veía a sus alrededores con el tiempo aprendieron a vestirse en un manto negro de familiaridad y cansancio.
La sonrisa tan hermosa que la acompañaba termino por quebrarse hasta el punto de apenas sonreír causarle dolor en las comisuras en señal del muy poco uso que actualmente suele darle.
Infancia cortada de manera rápida apenas aprendiendo que era el mundo, lo primero que logro presenciar aquella niña fue un juzgado de tenencia de padre, comentarios venenosos del uno al otro. Presión constante, perfección enfermiza, hasta el punto de casi terminar con su vida ante la partida de el único ser vivo que solía limpiarle sus lagrimas en lugar de causarlas.
Querida yo de antes, realmente siento mucho que tuvieras que pasar por cosas de adultos siento tan niña. No fue tu culpa, pero aun así cargaste con eso como si el simple hecho de haber nacido fuese un pecado interminable.
Querida yo pequeña, mi querida yo pequeña, perdóname por no poder haberte protegido.