LooveMe2Death
La nieve caía con lentitud, como si tuviese pereza,
cubriendo la ciudad con ese engañoso silencio que
solo el invierno sabía traer. No era aún una tormenta;
eran copos dispersos, suaves, que se derretían apenas
entraban en contacto con el asfalto húmedo, dejando
el aire helado impregnado de humedad y ese metálico
aroma que Lunelle había asociado con recuerdos que
prefería no tocar tanto.
Sus pasos eran tranquilos, casi medidos. Las manos
iban dentro del abrigo oscuro que llevaba y el cuello
estaba ligeramente hundido en una bufanda negra,
su cabello oscuro caía sobre sus hombros como
otra sombra de tantas. A sus cuarenta y cuatro años,
aún conservaba esa presencia tan difícil de ignorar:
peligrosa y silenciosa.
Pero ahora había algo distinto, ya ni siquiera era
ese el aura de Dal, era otra cosa… más pesada
y cansada, mucho más humana.
Sus iris rojos recorrían de forma distraída la acera
mientras avanzaba entre la gente. Personas con
bolsas, niños arrastrando botas por la nieve,
parejas compartiendo alguna bebida caliente,
ancianos caminando despacio. Todo eso se
veía muy normal… pero demasiado ajeno
。.゚‡ ⌝ ─────ㅤ–exhaló lentamente por la nariz—Deberías descansar… –murmuró para sí misma, con un deje seco de burla amarga-
LooveMe2Death
Se agachó lentamente y, por un instante,
dudó. No fue por miedo, sino por memoria.
Hubo un tiempo en el que la habría tomado sin
cuidado, sin suavidad y sin pensar. Como si fuese
un objeto que solo le pertenecía. Justo como lo hacía Dal.
Sus manos se cerraron suavemente bajo el cuerpo de Lia.
Una en la espalda y la otra bajo las piernas, la levantó
con cuidado. No hubo brusquedad o violencia. La ajustó
contra su cuerpo para que el peso se distribuyera
correctamente, así la cabeza ajena no quedaría
colgando y para que la respiración no se viese afectada.
Fue diferente… completamente diferente.
El abrigo abierto de Lunelle apenas cubría ahora ambas
figuras, la bufanda cayendo a un lado mientras la nieve comenzaba a acumularse también sobre el cabello
oscuro de ambas.
。.゚‡ ⌝ ─────ㅤ–bajó la mirada hacia ella. Sus orbes rojos apenas se suavizaron—Sigues siendo un problema… –la frase salió baja, casi inaudible, pero no había molestia real en ella-
Ajustó un poco mejor el agarre y dio media vuelta sin
mirar atrás. No pareció molestarse en revisar a los
agentes otra vez, ni siquiera se molestó en tener duda.
Al final… la nieve cubrió lentamente
las huellas que dejó al marcharse.
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LooveMe2Death
Lunelle giró el cuerpo, esquivando la línea de fuego por
centímetros, y esta vez no dudó en usar su don otra vez.
Un chispazo breve desde el suelo húmedo ascendió en
forma de llama contenida que impactó el arma, forzando
otra combustión. El arma no explotó, pero sí quedó
inutilizable en un instante.
–el agente retrocedió, sorprendido—¡Es un usuario de don! ¡Solicitando-! –no terminó-
La mujer cerró la distancia antes de que pudiera
completar la transmisión. Su rodilla impactó el abdomen,
seguida de un giro que lo desequilibró completamente.
Lo llevó al suelo con una técnica limpia, controlando la
caída para evitar un impacto letal.
Su mano se detuvo un segundo sobre el cuello del agente. Ahí… Ese punto. Un mínimo ajuste de presión, de fuerza, de intención… Y habría terminado.
。.゚‡ ⌝ ─────ㅤ–su mirada apenas se endureció—«No.» –retiró la mano, y lo dejó inconsciente. Respiró-
El silencio volvió, interrumpido solo por la nieve cayendo
y la respiración irregular de los dos hombres en el suelo.
Lunelle permaneció de pie unos segundos más, evaluando.
Confirmando que ninguno podía levantarse en ese
momento, que no había más presencia inmediata.
No estaba limpio, pero era suficiente.
Giró entonces hacia Lia.
El cuerpo seguía tendido sobre la nieve, pequeño de
alguna forma, vulnerable de una manera que no coincidía
con la violencia que había mostrado momentos antes.
La más alta caminó hacia ella sin prisa, con cada paso
más pesado que el anterior. Se detuvo a su lado y la
observó. El brazalete seguía ahí. Tan molesto…
e incorrecto. No lo tocó, no se atrevió todavía.
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LooveMe2Death
Apoyó una mano en la nieve y se puso de pie con una
fluidez tranquila, como si no acabase de recibir un golpe
capaz de matar a cualquiera. Su abrigo seguía abierto,
la aún estaba bufanda caída y el aire frío le seguía
mordiendo la piel expuesta sin que pareciese
importarle demasiado.
Las cicatrices seguían ahí, bastante visibles e innegables.
–el agente que le apuntaba tensó el agarre—¡Te dije que…! –
。.゚‡ ⌝ ─────ㅤ–lo interrumpió sin siquiera mirarlo directamente—Veamos si aún no he perdido práctica. –dijo al aire, sin emoción marcada. Como si hablara consigo misma. Y se movió-
No hubo advertencia, conteo o negociación. Solo acción.
Su pie se impulsó contra la nieve y en un instante cerró
la distancia. El agente apenas tuvo tiempo de ajustar la
puntería cuando Lunelle levantó la mano izquierda, dos
dedos apenas extendidos y el aire frente al arma vibró.
El calor no fue gradual, fue inmediato.
Un chasquido seco acompañó la combustión localizada.
El metal del arma se deformó en segundos, volviéndose
incandescente, derritiéndose desde el cañón hacia atrás
como si hubiese sido arrojado a una forja.
–el agente soltó el arma con un grito ahogado, el metal deformado cayendo a la nieve con un siseo—¡¿Qué demonios-?! –No terminó la frase-
Lunelle ya estaba encima. Su movimiento fue limpio,
preciso y sin exceso. No había disfrute o furia
desbordada. Solo eficiencia.
El primer golpe fue al diafragma, siendo seco y controlado.
El aire abandonó los pulmones del agente en un jadeo
silencioso. El segundo fue a la mandíbula, girando su cabeza
lo suficiente para desorientarlo sin romperla por completo.
Porque no estaba buscando eso, no quería matarlos,
pero tampoco podía permitir que actuaran.
El segundo agente reaccionó mejor. Sacó su
arma, ajustó postura e intentó disparar.
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