El pasado es tan antigüo, se marchita como una pálida rosa apunto de perecer. Mi alma se condena a admirarlo con sus quebradizos pétalos derrumbarse por debajo de sus pecados, suspirando y anhelando volver a aquél una vez más. Una vez más para tomarle con fuerza y decirle lo mucho que le extraño, al que fui y al que me hizo ser, apesar de ello no sucederá y lo acepto con una agria sonrisa en mis temblorosos labios pues extrañarle me mantiene vivo, me mantiene teniéndolo aunque sea de esa forma a mi lado. Mi pasado, mi anhelado pasado.