─ Sentía como el aire se volvía más denso, cargado de una electricidad que solo ellos dos compartían. En el momento que la prenda resbaló de sus hombros, no hubo frío ni duda, lo único que sintió fue su mirada suave recorriéndola con esa devoción que la hacía sentir única. Cerró los ojos por un instante, disfrutando del rastro húmedo que sus besos dejaban en su cuello, un camino que parecía marcar una propiedad más espiritual que física. Al escuchar su pregunta, una leve risa brotó de sus labios y dejó que su cabeza cayera ligeramente hacia atrás, exponiéndose a él con total confianza. ─ Puedo decirte que no fue un hechizo, no tengo permitido practicarlos… Solo deje de resistir lo que sentía. ─ Susurró en un hilo de voz, Sus manos, que antes descansaban inertes en su pecho, cobraron vida propia y subieron por los brazos de él hasta aferrarse a sus hombros, hundiendo los dedos con una urgencia suave, necesitando sentir la solidez de su cuerpo contra el suyo. —