Creo que los colibríes azules son mis favoritos. Son los más curiosos. Hoy que iba a poner el bebedero limpio se acercó uno a tomar de mi mano. (Aparte de que uno se siente como Domador de aves, Capitán de ejército de colibríes, Tarzán de la selva, ¿Blancanieves?), el zumbido y la cercanía hace que tú también vibres y te acuerdes de que estás vivo y que hay muchas cositas que viven contigo en ese instante. La tierra, el cielo, el sol... En la tarde cuando estaba por el jardín, otra vez un colibrí se acercó, tal vez un poco demasiado, a mi cara. Observó, observó y observó. Se me vinieron a la mente las palabras de un vídeo que no creo olvidar: A veces, muchas veces, las cosas van mal, pero eso no quita que la vida es muy bonita... Era muy bonito el colibrí, amigos. Era azul y brillaba.
Yo también quiero ser azul y brillar.
Yo también quiero observar, observar y observar.
Un abrazo.
(No le digan a nadie que esto último es para robar energías. Es que las necesito para ir a pelear con los demonios del cerro).