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ㅤ⎯⎯ㅤ/Sus manos no hallaban reposo, entrelazándose y deshaciéndose en un vaivén inquieto, como si en aquel gesto intentara apaciguar la marea de su propia ansiedad. Él… vendría, ¿verdad? Quería creerlo; no, más que querer, lo anhelaba con una intensidad que le estremecía el pecho. Su corazón persistía en su latido febril al recordar que no se trataba de un simple encuentro, sino de una cita: una palabra tan dulce como intimidante. El encanto de la idea se entrelazaba con el temor de arruinarlo todo, de no estar a la altura de aquello que, para ella, era tan nuevo como significativo. Aun así, se había esmerado: eligió cada detalle con cuidado, permitió que un sutil maquillaje rozara su piel, como si en ello depositara un poco de su esperanza. Y allí permanecía, con los nervios floreciendo bajo su piel, aguardando… suspendida en ese instante donde la ilusión y el miedo se fundían en un mismo suspiro.