el pelinegro yacía en su propia cama a diferencia del adverso, hundido en las enormes hondonadas del sueño que lo consumió sin cesar a pesar de sus reclamos a evadirlo.. no presentaba signos de un estar bélico, sin embargo. hasta que un leve tacto rozó con su cara, una mueca de disgusto tiñendo sus comisuras al mismo tiempo que otorgaba un manotazo al propietario de las falanges abrasantes. — iughh.. ¿qué te dije de tocarme? manchas mi cara y tengo que ser modelo ejemplar para los demás. – rodó sus orbes al sentarse. claramente reconocía que en el instituto escolar, al menos, era mayor a aquel que devora estrellas (almas) de sus contrincantes y eso le enorgullecía.. repudiaba dirigirle la mirada. — ¿no tienes nada mejor que hacer como tus estupideces de jugar a ser villano o qué? —