En el rincón más apartado de una sala del Inframundo, Zeus encontró a Melínoe. Siempre parecía estar entre sombras, pero para él brillaba como la luna en una noche oscura. Se acercó con pasos firmes, pero su voz fue baja, casi reverente.
── Felices festividades humanas, mi preciosa Mel.
Acepta estos presentes de tu "santa claus".
Zeus sacó un pequeño relicario en forma de calavera, tallado en obsidiana y oro, con un leve resplandor en su interior.
── Este fuego nunca se apagará, ni siquiera en los reinos más sombríos. Quiero que lo tengas contigo, como un recordatorio de que no estás sola. También me tomé la libertad de dejarte otras cosas en tu casa.
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