oh__inho
Ansioso. ¿De verdad se sentía ansioso? Inquieto. Distraído. Sumergido en alguien en quien jamás debió pensar.
¿Cómo se suponía que debía sentirse cuando él no abandonaba su mente? ¿Cómo olvidar aquella dulce mirada? ¿Aquella sonrisa dibujada sobre sus encantadores labios rojizos? ¿La elegancia de una vestimenta que no hacía más que resaltar la delicadeza y la belleza de su silueta? ¿Ese aroma tan cautivador? ¿Cómo olvidar que se trataba del prometido de su mejor amigo?
Podía jurar que, al regresar a su departamento aquella noche, por fortuna o por desgracia, la misma en la que había tenido la oportunidad de conocerlo, estuvo a punto de vomitar de frustración.
Se observó frente al espejo, pero en el reflejo no encontró su propio rostro, sino el eco de cada instante compartido. El cruce de sus miradas. Las pocas palabras intercambiadas. El acelerado latido de su corazón cuando decidió apartarlo hacia un rincón más aislado. Bastó el descaro de contemplarlo, de escucharlo, de sentir su presencia solo para sí mismo.
oh__inho
Sus manos no dejaban de moverse. Una de ellas sostenía una cuchara de madera, removiendo con movimientos lentos y circulares el contenido de un recipiente. ¿Desde que él había llegado. . . solo había estado cocinando? ¿O llevaba allí desde mucho antes?
No retrocedió. Avanzó con pasos silenciosos, procurando no romper la concentración de Gi-hun. Mientras se acercaba, rodeó ligeramente su costado con la excusa de observar lo que preparaba, aunque, en realidad, lo único que deseaba era contemplar su rostro.
⎯⎯⎯ ❛ Dígame. . . ¿podría decirme qué tanto cocina? ❜ ⎯⎯⎯ Unos segundos después decidió hablar. O, más bien, formular aquella pregunta con una curiosidad apenas disimulada, envuelta en un tono relajado que escondía mucho más de lo que dejaba entrever.
Ladeó ligeramente la cabeza, fingiendo inspeccionar el contenido del recipiente. Sin embargo, su verdadera intención era otra: ver el rostro de Gi-hun de cerca una vez más.
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Agradeció que la reunión fuera pequeña. Aun así, no consiguió deshacerse de aquella incómoda sensación de no pertenecer allí.
Permaneció sentado entre risas y conversaciones que era incapaz de seguir. Fingía interés de vez en cuando, asintiendo por simple cortesía, mientras Sangwoo parecía completamente absorto en temas triviales, sin mencionar una sola vez a su prometido. Y era precisamente a él a quien deseaba ver. A él de quien quería saber.
Se percató que los omegas presentes entraban y salían constantemente de la cocina, llevando bebidas y distintos platillos. Arqueó ligeramente una ceja. ¿Sería posible. . . ?
Ni siquiera esperó una respuesta para sí mismo. Se levantó y caminó hacia aquella estancia. Abrió la puerta y allí estaba. De espaldas. La tela del delantal se anudaba con un pequeño moño que descansaba sobre la parte baja de su espalda, ajustándose con delicadeza a sus caderas y delineando una cintura tan fina que le robó un interno suspiro, uno que recorrió su cuerpo como un escalofrío.
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El impuro cosquilleo que recorría su cuerpo seguía allí, recordándole lo mucho que se despreciaba. Maldijo la repentina aparición de quien había apreciado desde la infancia. Sangwoo tenía todo el derecho de interrumpir. Todo el derecho de acercarse, de participar en aquella conversación, de reclamar la atención de quien, después de todo, era su prometido. Pero eso no evitó que la amargura se instalara en su pecho.
¿Estaba enfadado consigo mismo? ¿O con la insoportable sensación de que le arrebataban algo que, irracionalmente, sentía que debía pertenecerle? Se formuló aquella pregunta durante toda la noche. Ninguna respuesta logró aliviarlo. Todo razonamiento terminó hecho pedazos cuando, al día siguiente, Sangwoo lo llamó para invitarlo cordialmente a una reunión.
Una invitación que también significaba volver a enfrentarse a su mayor tentación. Terminó aceptando en cuanto la imagen de Gi-hun volvió a apoderarse de su mente.
Cuando In-ho llegó, su mirada comenzó a buscarlo casi por instinto. Sangwoo fue quien lo recibió primero, rodeado de varios invitados cuyos rostros apenas registró. Le presentaron a cada uno de ellos, junto a quienes parecían ser sus respectivas parejas, pero los nombres se desvanecieron tan pronto como los escuchó.
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