your6idol_
El sol de la tarde se colaba a través de las cortinas
blancas del apartamento, dibujando líneas doradas
sobre el suelo de madera. Lucien estaba recostado
en el sofá, con una pierna doblada y el brazo apoyado
sobre el respaldo, observando a Seoyun moverse en
la pequeña cocina integrada.
Llevaba puesta una sudadera holgada de manga
larga, de esas que usaba para evitar miradas
innecesarias a su antebrazo, y el cabello albino,
un poco más largo que antes, le caía desordenado
sobre la frente. Ya no parecía aquel espectro pálido
y demacrado del hospital. Había recuperado peso,
color, y esa luz tenue en sus ojos que parecía haberse
apagado durante semanas.
Pero aún quedaban sombras. Siempre quedarían.
‧₊˚ ☁️⋅ ─── Huele bien. / dijo, rompiendo el silencio con una voz suave, casi perezosa. Se incorporó ligeramente para ver mejor lo que ella hacía. Huele a... ¿casa?
No era un olor específico. Era una sensación.
Algo que el ramen de Seoyun tenía y que ningún
otro platillo lograba replicar.
Se levantó del sofá con un movimiento pausado y
se acercó a ella por detrás, con pasos silenciosos
que aún conservaban esa cualidad felina de su lado
pantera. Cuando estuvo lo suficientemente cerca,
rodeó su cintura con los brazos y apoyó la barbilla
en su hombro, mirando la olla humeante.
‧₊˚ ☁️⋅ ─── Tengo hambre. / murmuró, y había un dejo casi infantil en su tono. Hoy entrené el doble. Jin-Sung hyung casi me mata en el ensayo.
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El sol de la tarde se colaba a través de las cortinas
Cuando su tono se volvió un poco más serio, ella
también se aquietó.
«Me gusta esto. Que no tengamos que hacer
nada especial. Solo... estar. »
Seoyun bajó el fuego y dejó el cucharón apoyado
en el borde de la olla. Luego, giró lentamente dentro
del abrazo, quedando frente a él, con sus manos
descansando sobre su pecho. Sus ojos negros se
encontraron con los azules, y por un momento, el
mundo exterior dejó de existir.
: ( ꗃ ! ◟─── ❛ A mí también me gusta. / susurró, con una voz que era apenas un hilo de aire. Estar contigo... sin tener que ser nadie más. Sin máscaras. Sin agendas.
Sus dedos juguetearon con el borde de la sudadera
de él, un gesto nervioso que había adquirido después
del hospital, como si necesitara tocar la tela para
confirmar que él seguía ahí, que seguía siendo real.
: ( ꗃ ! ◟─── ❛ El ramen ya casi está. / dijo, aunque no se apartó. Pero... ¿podemos quedarnos así un rato más?
No esperó su respuesta. Simplemente apoyó la
frente contra su pecho y cerró los ojos, sintiendo
los latidos de su corazón. Todavía late, pensó, y
ese pensamiento ya no le provocaba pánico, sino
una calma profunda.
: ( ꗃ ! ◟─── ❛ Te quiero. / murmuró contra la tela de su sudadera. Y aunque a veces todavía tenga miedo... quiero que sepas que estar aquí, contigo, es lo único que no me da miedo.
Alzó la vista hacia él, y en sus ojos negros ya no
había solo el reflejo del trauma. Había esperanza.
Frágil, sí. Pero real.
: ( ꗃ ! ◟─── ❛ Ahora sí, ven. / se apartó apenas, tomándolo de la mano. Vamos a comer antes de que se enfríe. Y esta vez... / una sonrisa pícara curvó sus labios. ... voy a guardar mi tazón para que no me lo robes.
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El ruido suave del agua hirviendo y el aroma del
caldo de pollo llenaban la cocina. Seoyun removía
la olla con concentración, añadiendo los ingredientes
en el orden exacto que su madre le había enseñado:
primero la pasta, luego el huevo, después el cerdo
marinado. Cada paso era un pequeño ritual que la
anclaba al presente.
Llevaba puesta una de las sudaderas de Lucien,
demasiado grande para ella, con las mangas
cayéndole sobre los dedos, y el cabello recogido
en un moño desordenado. Sus mejillas estaban
ligeramente sonrojadas por el calor de la cocina, y
sus labios esbozaban una sonrisa pequeña pero genuina.
Escuchó sus pasos antes de sentirlo. Él siempre
caminaba así, silencioso, como si el suelo no quisiera
delatarlo. Cuando sus brazos rodearon su cintura
y su barbilla se apoyó en su hombro, Seoyun no se
sobresaltó. Al contrario, se relajó contra él, inclinando
ligeramente la cabeza para apoyarla contra la suya.
: ( ꗃ ! ◟─── ❛ Mm. / exclamó en respuesta a su queja sobre el ensayo. Pobre de ti. ¿Quieres que le ponga más cerdo al tuyo para compensar?
Su tono era bromista, pero había ternura en sus
palabras. Desde diciembre, Seoyun había aprendido
a leerlo mejor: cuando decía "tengo hambre" en
realidad decía "me siento seguro contigo". Cuando
la abrazaba sin razón aparente, decía "no te vayas".
Y cuando la miraba con esos ojos azules tan suyos,
decía "gracias por quedarte".
: ( ꗃ ! ◟─── ❛ El más grande es para ti. / dijo, con una sonrisa que se profundizó cuando él añadió lo de comer como animal. No me extraña. La última vez que comiste ramen en mi casa, mi madre tuvo que hacer el doble porque te comiste hasta la olla.
Soltó una risa suave, y el sonido llenó la cocina de
una manera que hacía meses había creído que
nunca volvería a escuchar.
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Fue una queja fingida, acompañada de un pequeño
puchero que solo ella conocía. Desde lo de diciembre,
Lucien se había vuelto más... táctil. Buscaba su
contacto con más frecuencia, como si necesitara
asegurarse de que seguía ahí, de que era real.
Pero también era su manera de darle a ella esa
misma seguridad.
‧₊˚ ☁️⋅ ─── ¿Me das el más grande? / preguntó, con un brillo juguetón en los ojos azules. Prometo no comer como un animal. / una pausa breve. Mensonge. Voy a comer como un animal. Pero te quiero igual.
Su risa fue baja, cálida, y la dejó vibrar en el aire
mientras apretaba un poco más el abrazo, sintiendo
el latido de su corazón contra su pecho. Eran
momentos así, pequeños y simples, los que le
recordaban por qué había decidido quedarse.
‧₊˚ ☁️⋅ ─── ¿Sabes qué? / dijo, la voz un poco más seria, pero sin perder esa calidez. Me gusta esto. Que no tengamos que hacer nada especial. Solo... estar.
No mencionó a Francia. No mencionó la fecha en
el calendario que se acercaba lentamente. No
mencionó que cada tarde como esta era un regalo
que se estaba dando a sí mismo antes de lo inevitable.
Solo la sostuvo, respirando el aroma del ramen y
del shampoo de ella, y por un momento, el mundo
se sintió habitable.
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