"Murmuras el nombre de Aura al oído de Aura. Sientes los brazos llenos de la mujer contra tu espalda. Escuchas su voz tibia en tu oreja:
—¿Me querrás siempre?
—Siempre, Aura, te amaré para siempre.
—¿Siempre? ¿Me lo juras?
—Te lo juro.
—Aunque envejezca? ¿Aunque pierda mi belleza? ¿Aunque tenga el pelo blanco?
—Siempre, mi amor, siempre.
—¿Aunque muera, Felipe? ¿Me amarás siempre, aunque muera?
—Siempre, siempre. Te lo juro. Nada puede separarme de ti.
—Ven, Felipe, ven...
Buscas, al despertar, la espalda de Aura y sólo tocas esa almohada, caliente aún, y las sábanas blancas que te envuelven.
Murmuras de nuevo su nombre."