México duele.
Duele reconocer que confiamos, que creímos que las cosas podían ser diferentes.
Nos dicen que somos libres, pero la libertad no existe cuando el miedo nos encierra.
No debemos normalizar lo que está pasando.
No es normal vivir con miedo.
No es normal salir sin saber si vamos a regresar a casa.
No es normal vivir con la incertidumbre, intentando vivir al día porque la economía no alcanza.
No es normal callar, aguantar y aprender a vivir así para poder sobrevivir.
Esto no se trata de política.
Se trata de la realidad que vivimos todos.
No podemos seguir esperando a que alguien más cambie las cosas.
El cambio empieza en nosotros: en cuidarnos, en apoyarnos, en no normalizar la violencia, en alzar la voz y en ser comunidad.
Porque el problema no es que México esté roto…
El problema es que nos quisieron acostumbrar a vivir así. Y ya no podemos aceptarlo.