sintió el pequeño cuerpo de Haru temblar contra él, pero esta vez no era solo de miedo, había una nueva energía en el niño, una fascinación oscura que Tommy reconoció al instante. Sonrió, una sonrisa genuina esta vez, mientras pasaba una mano por el cabello rosado de su hijo adoptivo ──── Claro que lo hice, pequeño ────susurró, su voz baja y reconfortante. ──── nadie se mete con mi familia y sale ileso, nadie lastima a mi hijo y vive para contarlo ──── cuando Haru se ocultó el rostro en su abdomen, Tommy lo abrazó con más fuerza, protegiéndolo del mundo que acababa de reconfigurar violentamente. La oferta de dulces japoneses lo hizo reír suavemente, un sonido extraño en medio del silencio del parque ahora manchado por la muerte.
──── ¿Dulces japoneses? ──── se inclinó para susurrar al oído de su pequeño ──── eso sería encantador, pero tú no me debes nada, esto... esto fue un regalo de papá. Una lección para todos sobre lo que sucede cuando te lastiman ──── separó al pequeñl lo suficiente para mirarlo a los ojos ──── ¿viste cómo se quedaron? el terror en sus ojos justo antes del final, eso es poder, Haru ──── miró hacia los tres cuerpos sin mostrar remordimiento ──── Ahora vamos a casa, y sí, me encantaría probar esos dulces japoneses, pero primero, enseñarte algo más sobre el mundo que ahora es nuestro ──── le tomó de la manita , entrelazando sus dedos mientras comenzaban a alejarse del parque, dejando atrás la evidencia de la justicia brutal de un padre protector.