──¡Toc, toc , toc, toc!
El hombre uniformado, del otro lado de la puerta de la enorme mansión, más convertida en un espectáculo visual detrás de todos aquellos arreglos florales y escaleras a subir que habían sido dejados atrás antes, a pie detrás de la fachada estoica que mantenía para los jóvenes a su espalda, ya debía estar harto de lo poco que la dueña del lugar oía. A veces era como la ¿segunda? ¿tercera? que tocaba y aun así ni una palabra. En otra situación hubiera sido alarmante, de no ser porque no era nuevo al trabajar con Michelle por años. A veces parecía que para ser alguien de oído absoluto solo abarcaba el tema musical; fuera de eso, esa mujer estaba sorda.──
──Solo es un intento más el que hace antes de voltear y solo admitirles que da igual, que solo iban a acceder. Este empuja la puerta hacia el interior, cuyo espacio podría contener un campo de fútbol entero y aún tener espacio, solo en la sala, por debajo del suelo de madera pulida, y paredes de ladrillo adornadas de ventanas que consumen gran parte de las mismas; ¿de Michelle? Ni rastro, pero cuando por fin el hombre llama a su nombre y el sonido rebota y da varias vueltas, esta vez sí hay una aguda respuesta.──
꒰✨⃟༘᪼⃟⃟⃟⃟⬚⃟꙰͜͡࿑⃢꒰ ̷̷̷͙͝ ̷̷͙ ̷°── ¡En el piso de arriba, ¿qué ocurre?! ──La inconfundible voz de Michelle suena lejos; aun así, el hombre de seguridad anuncia las visitas. Al principio, con algo de ilusión, pregunta por un nombre en específico: Paris. El hombre lo niega, pero cuando este dice "Kaori" y "Andy", la decepción se evapora en segundos. ──Bajo enseguida.
──Aquel "enseguida" en realidad son minutos, pero el hombre deja a ambos jóvenes por su cuenta desde ahí. Para cuando una Michelle, aun con los lentes de leer, baja paso por paso, solo los ve a ellos y su expresión seria de segundos antes cambia brillantemente al verlos luego de... bueno, el caos de hacía tiempo.──