¿Por qué siento tan fuerte y tan arraigada la sensación de desconexión con el mundo y conmigo misma?
Es como si me perdiera a mí misma en todo momento, como si parte de mis sentimientos estuvieran estancados y ocultos en algún lugar bajo la sospecha (o la certeza) de que difícilmente volverán a pertenecerme, a abordarme, a hacerme entender que sé cómo se quiere y también cuándo lo hacen.
Me he preguntado muchas veces, demasiadas como para avergonzarme o, quizá, para preocuparme, qué se siente al querer a alguien y, muy a mi pesar, cómo me sentiría si alguien más lo hiciera. Nunca encuentro una respuesta que endulce mi amargura, tampoco armisticio frente a lo que, todavía, sólo son dudas.
Y, sin embargo, aquí estoy: vacía.
Vacía y sin esperanza.