Que ganas, que ganas de unos enormes dedos largos y gruesos se hundan en mi pequeño y estrecho coño hasta que lo hagan gotear de fluidos bastos como una maldita perra en celo. Que me haga suplicar porque me haga suya, porque me críe y lleve sus bebés en mi vientre, porque me llene de su semen asquerosamente abundante hasta que sienta mi estómago devolver.
Que huela mi excitación, ese curioso aroma que olí durante varias ocasiones en que mis dedos se hundieron en mi estrechez, que sus pupilas se dilaten y que se convierta en un maldito animal incapaz de razonar.
Que su polla se meta hasta donde no pueda más, que rasgue mi interior hasta hacerlo sangrar y que implique llevarme al hospital por lo mismo, que abuse de mi pequeño tamaño, de lo delgada y diminuta que soy, que no tenga piedad y solo me use como su muñeca lista y dispuesta para darle placer.
Que disfrute tanto el saber que es el primer hombre que tiene mi virginidad ya para él únicamente y que no dude ni un segundo en gritarle a todos lo feliz y orgulloso que está de ello.