para terzo la vida era un poco más simple desde que su rol como papa concluyó, ya no tenía que hacer tanto trabajo como antes, obviamente aún tenía algunas cosas pero la carga mayor ahora la llevaba perpetua, aquel nuevo que se veía tan tímido que ni los ghouls que antes han pertenecido a ellos parecían respetarlo, y eso le generaba molestia, pues él mismo sabía lo que era no ser respetado solo por apenas llegar a tu puesto, lo vivió, habiendo únicamente dos excepciones a ese trato hacia él: alpha y omega.
respecto a alpha las cosas estaban raras, su encuentro amoroso con omega le hizo muy, muy feliz, pero ahora, alpha llegó a dejarle todo de cabeza, pues algo que pocos saben es que alguna vez ellos estuvieron en una relación, pero omega llegó y eventualmente su corazón se dirigió hacia él, resultando en que terzo tuviese que comunicarle a alpha la situación y cortar (pues no iba a simplemente ir y besarse con omega, no, él es un caballero en esos aspectos), al principio entendió y aceptó, pero ahora... por alguna razón el ghoul de fuego trataba de coquetearle (y parecía estar logrando algo).
terzo paseaba por el gran edificio, buscando relajarse en alguna parte llegó al jardín, donde estaba... alpha. maldita sea. el olfato de los ghouls estaba tan desarrollado que probablemente ya sentiría su aroma sin él acercarse, así que solo se sentó en una banca a la sombra de un árbol alejada de él, rezando porque el ghoul no mostrase reacción...
— sei stupido, terzo. — susurra para sí mismo, abriendo una botellita de whisky que le robó a secondo y bebiendo un gran sorbo, daba igual si era fuerte, estaba un poco molesto consigo mismo, era necesario... o eso creía.