¿sabes? siempre me pareció curioso eso del efecto mariposa, aquel aleteo pequeño que desata tormentas al otro lado del mundo, y nunca lo entendí del todo hasta que apareciste tú, porque sin hacer ruido, sin pretenderlo, tu sola presencia movió algo dentro de mí que ni siquiera sabía que existía, como si una brisa leve pudiera cambiarlo todo sin esfuerzo, y desde entonces cada pensamiento, cada latido, cada rincón de mis días lleva tu nombre. porque resultó que el huracán más hermoso que podía imaginar no venía de lejos, sino de cerca, en tu forma de mirar, en tu sonrisa, en ese aleteo tuyo que revolucionó mi mundo desde el primer cruce de palabras.