Cerró los ojos un segundo, disfrutando del roce de sus dedos en su mandíbula como si fuera el regalo más importante del mundo, inclinando la cabeza a las direcciones de su mano. Todo lo que decía y hacía era un vuelco directo en su corazón—. Soy real, y soy todo tuyo. Cada pedazo —se quedó mirándola un momento en silencio, sólo admirando cómo lucía bajo la luz tenue de la habitación, con el cabello revuelto y esa paz en el rostro— Y aunque no me molesta, si me sigues mirando así, la siguiente parada del tour va a empezar ahora mismo y no vamos a dormir ni diez minutos —bromeó con voz ronca y tierna al mismo tiempo, dándole un último apretón cariñoso en la pierna antes de rodar sobre el colchón para quedar a su lado—. Pero creo que también debemos descansar un poco, ¿no crees? —la atrajo hacia su costado, acomodando la cabeza de ella en su pecho y rodeándola con su brazo, cubriéndolos a ambos hasta los hombros. Empezó a acariciarle el brazo con el pulgar, sintiendo cómo sus respiraciones se acompasaban poco a poco—. Siempre podemos reservar todo para los buenos días.