Una noche que parece que será larga, así como la fila de pensamientos que amenazan con robarme el sueño.
Siento que mi mente entra, por instantes, en un estado de desconexión, al igual que mi corazón. Es un momento complicado, uno que me ha cambiado. El dolor me pisa los talones y solo trato de ser optimista, pero hay noches en las que no puedo, donde me inundan las preguntas, en sucesión a la preocupación.
Me detengo a cuestionarme el presente, lo cambiantes que son las cosas y la necesidad de adaptarse a las nuevas circunstancias. Recuerdo haber dicho, con base en la teoría de la evolución de Darwin, que quienes sobreviven no son los más fuertes, sino aquellos que logran adaptarse. Sobrevivir parece un reto. Creo que lo logro, pero para ello he pagado un gran costo. Por momentos siento que me pierdo. Mi corazón dejó de latir y se siente como una piedra agrietada que amenaza con desplomarse.
Es por momentos, por instantes...
Hoy es un instante; mañana la claridad volverá...
Pero la noche, a veces, se prolonga más de lo normal.
Las lágrimas se secaron, mis ojos se enfriaron y eso no sé si está del todo bien o del todo mal. ¿Todo es blanco y negro?
¿Está mal ser insensible a una ofensa? Quizás no, si eso evita que mi corazón se lastime o que yo lastime a otro. ¿Está mal ser insensible al dolor ajeno? Sí, quizás eso haga que perdamos nuestra empatía y humanidad, pero, a su vez, nos priva de cargarnos con problemas ajenos. Quizás así no todo es blanco ni todo negro; solo hay un gris.
¿Está mal? ¿Está mal querer romperse para ser reconstruido? ¿Está mal anhelar un golpe para alcanzar la redención? ¿Está mal anhelar una nueva adaptabilidad?
Solo tengo por certeza que ahora mismo tengo una nube llena de agua rebosando mi mente. Mañana volverá la claridad.
Mañana encontraré descanso, mañana habrá paz que es incomprensible, mañana todo será para bien.
Solo hay que esperar que los rayos de luz lleguen.