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Estaba un poco aburrido y me aventé esto :v
Unos días antes de que la historia de Bell Cranel cambiara para siempre, las calles de Orario seguían tan crueles como de costumbre.
La tarde comenzaba a oscurecer cuando Bell salió de la mazmorra.
Su ropa estaba rota en varios lugares, tenía moretones en ambos brazos y una pequeña herida en la frente. ... ...
—¡Bien! ¡Muy bien! —sonrió mientras corría—. ¡Hoy kami-sama y yo podremos cenar algo decente!
Aquello era prácticamente una fortuna para alguien tan pobre como él.
Mientras avanzaba por una calle secundaria cercana al distrito oeste, escuchó gritos.
—¡Devuélvanme mis cosas!
—¡Ja! ¿Y qué vas a hacer al respecto?
Bell redujo la velocidad.
Al doblar una esquina encontró una escena extraña.
Tres aventureros veteranos rodeaban a un joven de cabello negro.
Parecía tener unos 16 o 17 años.
Sus ropas eran extrañas.
No vestía como ningún aventurero que Bell hubiera visto antes.
Llevaba una especie de armadura oscura hecha de cuero endurecido y metal negro. Además, varias de sus pertenencias estaban en manos de los matones:
Una espada de diseño desconocido.
Un arco extraño.
Varias mochilas.
Y una cantidad absurda de objetos metálicos que Bell no reconocía.
—¿Eso es una olla...? —murmuró Bell.
Uno de los aventureros golpeó al joven en el estómago.
—¡UGH!
El chico cayó de rodillas.
—Ríndete.
—Ni loco.
Otro puñetazo.
CRACK.
Bell hizo una mueca.
Aquello debía doler.
Sin embargo...
Algo raro ocurrió.
El cuerpo del joven emitió un tenue brillo dorado.
Las heridas desaparecieron lentamente.
Los moretones comenzaron a sanar.
Y entonces...
Volvió a levantarse.
Sonriendo.
No era una sonrisa normal.
Era una sonrisa inquietante.
Como si estuviera disfrutando aquello.
Los matones retrocedieron un poco.
—¿Qué demonios?
—¿Acaso tiene magia de curación?
—¡No importa! ¡Golpéenlo otra vez!
Punto de vista del joven.
«Restauración aumentó a 25.»
La voz apareció dentro de su cabeza.
Inmediatamente sonrió.
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—¡Sí!
Le habían roto dos costillas.
Valió completamente la pena.
El dolor era insoportable.
Cada respiración era un infierno.
Pero el resultado hablaba por sí mismo.
Durante todo el día había estado farmeando experiencia.
Exactamente igual que en Skyrim.
Exactamente igual que había hecho miles de veces usando mods.
Si recibía daño.
Y luego se curaba.
La habilidad subía.
Simple.
Eficiente.
Hermosamente absurda.
—Maldito psicópata... —gruñó uno de los matones.
El joven abrió su menú invisible.
Nivel de Restauración: 25.
Nuevos hechizos desbloqueados.
Curación.
Curación Rápida.
—Perfecto...
Había llegado a Orario hacía menos de una semana.
Y hasta ahora sus teorías parecían correctas.
El sistema funcionaba.
Exactamente igual que Skyrim.
Magia.
Experiencia.
Perks.
Progresión.
Todo.
Lo único que necesitaba era tiempo.
Y una enorme cantidad de castigos físicos.
Por desgracia...
Recibir una paliza dolía mucho más en la vida real que detrás de una pantalla.
—Bueno —pensó mientras escupía sangre—. No se puede tener todo.
Uno de los aventureros volvió a golpearlo.
—¡CAE DE UNA VEZ!
El joven salió despedido contra una pared.
«Armadura pesada aumentó.»
—Excelente.
—¡¡¿EXCELENTE?!!
—Sí.
—¡¡ESTÁS LOCO!!
—Probablemente.
Volvió a levantarse.
La sonrisa regresó.
Aquella sonrisa que hacía que incluso los matones empezaran a sentirse incómodos.
Después de todo...
No importa cuántas veces lo golpearan.
Siempre se levantaba.
Siempre sonreía.
Siempre parecía más feliz que antes.
Aquello era aterrador.
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