5 de enero, 2026
Te odio porque te sigo queriendo. Porque solo no te escribo por miedo a que no respondas, que no me quieras más, que... Que se arruine lo poco que trataste de cuidar entre ambas. Te odio porque te amé sin saberlo desde que te conocí, quizá no de forma romántica, pero amé saber que a alguien le gustaba lo que escribía, amé sentirme así de vista, así de... Útil. Y después te amé más, por simplemente ser tú. Incluso cuando no eras tú conmigo. Cuando hablabas con otras personas, cuando estabas celosa, cuando algo te daba miedo, cuando hablabas de tu gato rubio, cuando contabas todo aquello que amabas, cuando eras tú y cuando no, también.
Y te odio por eso, Giovanna. Te odio porque sigo intentando odiarte y nomás no puedo. Porque cada día despierto esperando ya no sentir nada por ti y cada noche me pongo a pensar en todo lo que pasé y me hubiera gustado contarte, cada tarde me encuentro riendo y pienso en qué estarás haciendo, quiero escribirte, quiero decirte que te amo. Entonces sí, te odio. Te odio porque entraste a mi corazón y ya. No puedes hacer eso, Giovi. No puedes entrar a la vida de alguien y después irte sin más, mucho menos cuando entras a darle esperanza a su patética vida (dime qué entendiste la referencia)
En fin, odiando lo mucho que te ama y te extraña.
Ali