Amanda sonríe. Asiente en silencio. La veo dudar sobre si decir algo o no. Honestamente, me gusta más cuando no habla, pero si le digo eso terminaremos discutiendo. Suelto una risa leve, mierda. ¿Por qué sé exactamente cómo terminará todo?
—Supongo que el resumen es: gracias —retomo el punto de la charla—. No quiero buscar culpables. No planeo decirte todo lo que me dolió y traer al presente recuerdos de un pasado dónde ambos éramos jóvenes —le aseguro—. Oye. Lo que pasó... Lo siento. Perdóname por herirte..., yo no tengo nada que perdonar, porque aunque me dolió mucho, jamás te guardé rencor real.
Carraspeo viéndola perderse un rato en sus pensamientos. Estoy seguro de que ella sí tenía mucho por decir y temo que la haya frenado.
—Te amo, Amanda —me mira y por un segundo, a través de sus ojos, logro ver su alma temblar—. No de forma amorosa... Creo que jamás fue así, pero te amo. Lo que más quiero es verte bien, que seas feliz, que te ames como nadie te ha amado.
Parpadeo despacio porque, de pronto, Nora vuelve a mi mente. Un año después, ella regresa a mi cabeza como si fuera dueña de mis pensamientos. Cuando le da la gana. Ay, fea... Aun te quiero.
Amanda me sonríe. Una sonrisa casi genuina pues noto la tensión en el rostro que le hace temblar la sonrisa.
No es necesario que diga más. Aunque terminamos discutiendo, aunque ella decida decir cosas que duelan, sin importar nada... Yo sé que esto acaba aquí. Lo acabo yo y lo concluyo con amor porque todas las veces que lo terminó ella con dolor... Nos llevó aquí, a qué siga abierto para ella.