—Cuando el sol ya había bajado por completo dando permiso a la noche, solo se escucharon dos golpetazos sin medida a la puerta. Al abrirla con confusión, una caja negra yacía en el suelo, de tamaño mediano, sin ninguna etiqueta o algo más, destapando de ella el contenido de dos objetos: Una carta, una playera negra doblada.
“POR QUE DIOS PERDONA, LOS PERROS, NO.
Los tiempos cambiaron. Las arenas cambiaron. Incluso la lucha cambió. Pero hay cosas que nunca deberían desaparecer.
Los Perros del Mal volverán a caminar y causar furor en las arenas, y por eso mismo, si te ha llegado esta invitación es por qué he seguido tu trayectoria. He visto tu carácter, tu manera de enfrentarte a los problemas y la forma en que te mantienes de pie cuando otros te desean lo peor. Eso es exactamente lo que busco.
La invitación está hecha.
Si todavía tienes fuego en las venas, si todavía crees que el respeto se gana y no se regala, entonces quizá tu lugar esté con nosotros.
La puerta está abierta.
La decisión es tuya.
Atentamente,
El hijo del Perro Aguayo.”
La playera, es historia. Con la marca de las garras ensangrentadas en ella, y el nombre de la nueva dinastía que ahora iba a renacer.—