Imagínate vivir en una casa y que la chica de la casa de al lado se esté mudando, decides que esa chica cool sea tu mejor amiga porque ella, sabes que ella es diferente, tiene una madre y padrastro indiferentes con ella, ella ama a su padre pero no lo ve, no sabes por qué sientes esa cercanía con ella, cuando tenías quince te diste cuenta que estabas enamorada de ella y, uff, el amor adolescente, las miradas, el nerviosismo, pero cuando todo empieza tan bello y, como por ley de gravedad, siempre tiene que bajar, lo echas a perder todo por una extraña sensación de perseguir una vida fuera de ese pequeño pueblo y, mientras más egoísta eres contigo, la pierdes a ella, al amor de tu vida, pasan los meses, ella ya no es tuya pero en tu cabeza sigue siendo tuya, no hay día en que no pienses en ella a pesar de las aventuras que has tenido, regresar a casa porque la mamá de ella murió, ellas no eran cercanas y lo sabes pero aun así, aunque pasaron meses, sientes ese deseo de cuidarla, de amarla, pero sabes que ella no está bien, tratas de olvidar todo, le das su espacio.
El amor de tu vida se fue, sin dejar rastro, y esta eres tú buscándola por cinco meses en cualquier lugar mal habido, siempre con la esperanza de encontrarla y rogarle que se quede porque hace un tiempo has aprendido que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, mientras escuchas Purple Rain de fondo. Todavía la buscas, recordando y memorizando cómo se sentían sus caricias, su aroma y, sobre todo, siguiendo unas pistas que su amiga prostituta te dio. Pasan los años (estoy llorando) y sigues insistiendo con la esperanza de verla de nuevo... tú eres lo único estable que tuvo en su vida y lo echaste a perder... siempre estuvieron conectadas.
Y esa fue como una mañana cualquiera en Ohio con el corazón roto, puedes sentir su aroma... es el destino mandándote una señal, dices, pero no todo es como uno piensa, la vida no es fácil y lo que ves hace que quieras morirte