Siguió con la vista cada movimiento del hombre cuando este sacó su teléfono; el pequeño respiro que eso le brindó fue casi un lujo. En esos segundos de aparente distracción ajena, notó cómo su propia respiración se volvía más ligera, casi normal. Pero la calma duró lo que un parpadeo. Cuando los ojos del otro volvieron a posarse sobre él, sintió cómo algo en su interior se crispaba, y obedeció al impulso de desviar la mirada, fingiendo interés en cualquier cosa con tal de no colapsar en su propio desconcierto.
──No, gracias por tu tiempo, y por lo de la cartera.── alcanzó a decir, la voz algo más baja, casi contenida. Hizo una pausa, sintiendo el calor subir otra vez hasta sus mejillas, una especie de fiebre autoinfligida. ──Y, bueno... lamento lo de la otra vez.── Las palabras se le escaparon torpes, pero sinceras, suspendidas entre la culpa y una torpe necesidad de cerrar el capítulo que, para su desgracia, aún seguía abierto.
Por un momento, la idea de salir corriendo se volvió absurdamente tentadora; podía imaginarse ya atravesando el umbral, dejando atrás toda posibilidad de volver a hacer el ridículo. Y casi lo hace, de no ser porque la dichosa cartera —esa traidora— decidió deslizarse de su bolsillo y caer con un golpe seco al suelo. Ah, claro. Aún no había terminado de arruinarle el día.
Soltó un suspiro resignado y se agachó para recogerla, lanzándole una mirada que mezclaba cansancio y desdén, como si aquel objeto tuviera voluntad propia. Cuando volvió a erguirse, se obligó a mirar al hombre una última vez. Le dedicó una sonrisa—esa misma, la cuidadosamente practicada, la que parecía amable pero no dejaba ver el caos interno—y levantó la mano en un gesto de despedida algo torpe. No iba a estrecharle la mano; con la humedad que sentía en las suyas, solo habría sumado otra tragedia a su ya extenso repertorio del día.
༿ີ۪۪ @parasi-te