« Ni siquiera tus dioses pueden ayudarte, criatura. He aquí mi fuerza, mi grandeza y voluntad, mi omnipotencia. Tus dioses perecen, porque sangran y desaparecen, pero ¿yo? ¡YO SOY ETERNO! Mi reino, mi ejército. Yo domino con impunidad, porque ni siquiera la muerte puede limitarme.
¡¿POR QUÉ NO TE MUERES DE UNA VEZ?! Me rodean todos ustedes, almas indignas, débiles y mezquinas que se arrastran y se aferran a su carne mortal. Yo soy el poder encarnado, pero sin las ataduras de la mortandad. ¡Miren! ¡Miren y tiemblen! ¡Sois tan pequeños! ¡Aprecien como reduzco a cenizas todo lo que alguna vez amaron! »
- Zephyr, en el momento exacto de acabar con todo el pueblo de Sassha. Ese fue su último discurso antes de dejar atrás una sociedad que nunca volverá...