Pero prometo no escribir. Me hago la fuerte, aunque por dentro quiera correr a preguntarte si sigues ahí, si piensas en mí. Se acerca mi cumpleaños, y la idea de recibir algo tuyo me hace ilusión, aunque sé que probablemente no pasará. Y, si no mandas un "feliz cumpleaños", yo tampoco voy a mandarlo cuando llegue el tuyo. Por más que me duela no escribir: “Feliz cumpleaños número 19, Ash, te quiero”. Porque sí, así lo escribiría. Así, tan tonta, tan sincera, tan yo.
Seguramente ya estás con otra persona. Y yo… aún así, aquí sigo. Aferrada a una historia que ya no se cuenta. Es lo que tiene ser demisexual, supongo. Formamos vínculos lentos pero profundos. Y para soltarlos, para desenamorarnos… también hace falta tiempo. Mucho. Me gustaría saber tu versión de todo esto. No para reclamarte. Solo para entender. Pero si no llega, igual te deseo lo mejor. De verdad.
Te quiero mucho, es bobo, hace un año estaba pensando en que hacer por tú cumpleaños, es gracioso y desastroso. Yo cumplo un día antes que tú, me diste un pastel y la verdad, sabía horrible, pero no quería hacerte sentir mal, así que me lo termine y agradeci la delicia de cheesecake, yo te regale rolls de canela. ¿Pensarás en mi al verlos? No creo, eso es muy ridículo. En fin.