Un día, de pronto, se decidió por visitar en solitario aquel café popular del que muchos de sus compañeros le habían recomendado. Hubiera deseado que Till y los demás lo acompañaran, pero justo esa tarde la mayoría tenía ensayos de sus clubes por el festival que se avecinaba. Otros (o mejor dicho, solamente Luka), simplemente, rechazaron su invitación porque tenían asuntos que resolver. Nada inusual viniendo de él, la verdad.
Tan antes siquiera de empujar la puerta del local, se quedó ahí, en la entrada, mirando al cielo con la mirada perdida. Divagaba entre sus pensamientos, ajeno de lo que pasaba por su alrededor, cuando de pronto sintió algo.
Un ruido, cada vez más cercano.
Parpadeó. Miró a un lado y viceversa. Interrogó al aire en busca del sonido proveniente, pero no había nada.
Y entonces, en cuestión de segundos, lo tuvo frente a sí.
Un desconocido de rasgos únicos. Como sacado de otro lugar, o incluso, de otro mundo.
La presentación del otro lo tomó por desprevenido. Parpadeó una vez, confundido. Aunque después, sereno, le devolvió el saludo con una sonrisa meditada.
—Déjame decirte que tienes un nombre muy curioso —comentó, con voz suave pero tono grave—. Me da gusto conocerte, Infected. Puedes llamarme Iván.
Sin apuro, metió la mano en su bolso y sacó un pañuelo. El que siempre llevaba consigo.
—Toma —dijo, extendiéndolo hacia el desconocido—. Te lo regalo. Sé que le darás un buen uso.
Sonrió al último. Y guiñó un ojo sin más.
(HOLA MAITEEEE, el gusto es todo mío heyy. Puedes decirme Nikki, y todo bien jeje, con sueño pero en orden. COMO QUE ISRAEL AKFMSLD. Bueno, tú cómo estás?)