trasbambalinas000

Aquella noche, al borde de un puente, el sobrino se vio reflejado a través del oscuro río debajo suyo. Por primera vez en su vida se había visto a sí mismo, y se aterró al descubrir que estaba él y solamente él, acompañado de nadie. Desde el complejo e intrincado diseño de concreto del puente, hasta el más simple átomo de agua, sobre el sólido material y la trayectoria impredecible de la corriente fluyendo, en el ayer, el hoy y el mañana, reduciendo el todo a una pizca, allí en su individualidad estaba siendo él y sólo él. 
          	El sobrino le temió a la soledad. 

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Entonces el sobrino dejó un heraldo: un casillero al cual se vinculó, haciendo lo mismo para los candidatos que tanto ansía, declarando un lugar al cual encajar. El espacio del casillero así se agrandará, duplicando el mismo en una danza fractal de metal expandiéndose, dando riendas sueltas a que muy pronto (tal vez hoy, quizás mañana, puede que incluso ayer) ese lugar lo ocupe el candidato.
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Él se negó rotundamente a estar solo, jurándole a los astros que traería consigo a todo ser vivo conocido, reuniendo cualquier posible candidato para ser parte de esta pizca de mundo. Ellos también presentaron su negación. Ante la negativa, el sobrino maldijo al cielo que lo limitaba, y tapó al firmamento con cadenas; un amalgama compuesto por decenas de miles de eslabones entrelazados cubriendo hasta el más pequeño haz de luz, chasqueando juntos en una danza flameante metálica y segmentada. Gracias al extenso tejido, la influencia de las estrellas dejó de sernir sobre los páramos de la pizca. Ahora todo le perteneció a él. 
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Aquella noche, al borde de un puente, el sobrino se vio reflejado a través del oscuro río debajo suyo. Por primera vez en su vida se había visto a sí mismo, y se aterró al descubrir que estaba él y solamente él, acompañado de nadie. Desde el complejo e intrincado diseño de concreto del puente, hasta el más simple átomo de agua, sobre el sólido material y la trayectoria impredecible de la corriente fluyendo, en el ayer, el hoy y el mañana, reduciendo el todo a una pizca, allí en su individualidad estaba siendo él y sólo él. 
          El sobrino le temió a la soledad. 

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Entonces el sobrino dejó un heraldo: un casillero al cual se vinculó, haciendo lo mismo para los candidatos que tanto ansía, declarando un lugar al cual encajar. El espacio del casillero así se agrandará, duplicando el mismo en una danza fractal de metal expandiéndose, dando riendas sueltas a que muy pronto (tal vez hoy, quizás mañana, puede que incluso ayer) ese lugar lo ocupe el candidato.
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Él se negó rotundamente a estar solo, jurándole a los astros que traería consigo a todo ser vivo conocido, reuniendo cualquier posible candidato para ser parte de esta pizca de mundo. Ellos también presentaron su negación. Ante la negativa, el sobrino maldijo al cielo que lo limitaba, y tapó al firmamento con cadenas; un amalgama compuesto por decenas de miles de eslabones entrelazados cubriendo hasta el más pequeño haz de luz, chasqueando juntos en una danza flameante metálica y segmentada. Gracias al extenso tejido, la influencia de las estrellas dejó de sernir sobre los páramos de la pizca. Ahora todo le perteneció a él. 
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