La niña bajó el pan, respiró hondo e infló el pecho, levantando la barbilla hacia el chico de las gafas con una determinación que dejó a todos mudos. Era la misma mirada que Yuri ponía cuando una poción se resistía a hervir: pura terquedad de hierro.
Ume:¡No, gracias, señor de las galletas! —exclamó, haciendo que su voz resonara en los bancos cercanos—. ¡Ume ya es una niña grande! Yuri dice que las niñas grandes no esperan a que les corten la comida. En el Callejón yo ayudaba a cargar metales pesados y cajas de chatarra, ¡así que puedo con un perrito de carne! ¡Mire, mire bien!
Con un gruñido de esfuerzo que habría sido intimidante si no fuera adorable, la pequeña hundió sus dedos en el pan con fuerza. Usando su peso a favor, logró desgarrar un bocado perfecto. Se lo llevó a la boca con un movimiento triunfal, masticando con las mejillas hinchadas como un hámster victorioso.
Un pequeño adelanto de lo que se puede venir en los siguientes episodios