deivyboyfriend
Revives la cuenta
@ttuthori4ls
0
работ
0
списков для чтения
4
подписчика
Revives la cuenta
Hola
Pobre
Listo amor
M dio flojer1
Jx1dx1 jamás fue un ser de ternuras domésticas ni de manos hechas para acunar, pero sí pertenecía a esa estirpe obstinada que no tolera un solo objeto fuera de su órbita, ni un hilo de polvo desobedeciendo la rectitud de su camino. Así, asumir aquella torpe caricatura de paternidad —no por amor, sino por cálculo— se le antojaba una herramienta útil, un artificio estratégico que, aunque abominable, podía servir a su propósito. Y aun así lo detestaba. Detestaba el gesto, el disfraz, la sola idea de otorgar rostro humano a aquello que despreciaba.
¿No era irónico? Él, tan severo, irritado por una nimiedad blanda, por la absurda exigencia del cuidado. Sí, era irónico… grotescamente irónico.
Pero allí estaba.
Dos dedos suyos, tensos, inseguros, pellizcaban apenas la tela ajena como si temiera contaminarse del calor de otro cuerpo; y el pequeño —ligero, frágil, desorientado— se balanceaba en el aire con un agarre precario, como un péndulo mal colgado que amenaza con romperse al menor descuido. No parecía importarle si el infante pataleaba buscando suelo o si el equilibrio cedía hacia la peor de las caídas. No era crueldad deliberada: era ignorancia, una torpeza seca, una falta de lenguaje para aquello que exige delicadeza.
Necesitaba comprender.
Necesitaba saber qué demonios se suponía que debía hacer.
Y, fiel a su lógica torcida, pensó en un libro.
El pobre corazón de Deivy se encogía con brusca violencia dentro de su pecho; apenas podía contenerlo, apenas podía fingir serenidad dentro de su ya turbulenta mente. Sus pequeñas manos se recogían entre sí, aferrándose la una a la otra, como si en ese gesto pudiera hallarse un atisbo de consuelo. Había atravesado cosas peores, momentos más crueles; incluso, sin pretenderlo, había arrebatado el aliento de alguien alguna vez. Y sin embargo, ahí estaba ahora, muerto (irónicamente) de miedo frente a la figura erguida ante él.
No sabía dónde posar la mirada. Sus ojos de carbón vagaban inquietos, buscando cualquier punto que no fuese aquella presencia. La escena, de forma casi absurda, habría podido parecer la de un padre reprendiendo a su hijo tímido y frágil.
Su cuerpo respondió con rigidez cuando fue alzado del suelo. El silencio, espeso y opresivo, volvía todo aún más aterrador. Sentía la tela que lo cubría arrugarse bajo el agarre ajeno, cómo cedía lentamente, deslizándose y abandonándolo poco a poco, como si incluso su ropa decidiera traicionarlo. Se estaba cayendo, lenta e inevitablemente.
──¡A…ah! v-voy a caerme, señor… ¿no podría dejarme en el suelo? —su voz apenas sobrevivía en aquel espacio, un hilo tenue y tembloroso, quebrándose en el aire.
Sus pequeñas manos y sus pies se movían con cautela, torpes y suaves, intentando evitar el desenlace fatal de un golpe contra el suelo, como si la fragilidad misma de su cuerpo temiera hacerse pedazos con el más mínimo impacto.
@devilman__jx1dx1
Porque en su mundo todo debía caber en palabras impresas, en márgenes subrayados, en instrucciones claras como cicatrices sobre papel amarillento. Tal vez allí, entre páginas que olieran a polvo viejo y tinta resignada, encontraría la fórmula exacta para ese papel que le repugnaba y le resultaba útil a la vez; una guía fría, casi quirúrgica, que le permitiera sostener sin sentir, cuidar sin temblar, cumplir sin mirarse demasiado en el espejo. Porque lo que más le horrorizaba no era el niño. Era la posibilidad —mínima, vergonzosa, insoportable— de que algo en su pecho, enterrado bajo años de rencor, supiera hacerlo de manera natural. Y que, al hacerlo, se revelara a sí mismo como alguien capaz de querer… aunque fuera un poco.
─── /lo vende en línea. uwu
─── ahora.no.esta.jugando.rivers. /le tira una cerveza incluso si esta al otro lado del mundo porque es un buen padre y lo quiere muxho.
—papá pq me vendes si yo te amo /es vendido y llevado a las selvas para ser el rey chango
@devilman__jx1dx1
Matate
─── eh... /Bueno… ¿qué había escuchado exactamente? No tenía la menor idea. Lo último que recordó del chico del casco fueron… palabras. Sí, palabras. Sueltas. Medio dichas. Medio tragadas. Y, siendo honesto, ni siquiera estaba seguro de haberlas entendido bien. Se notaba —y bastante— que no había prestado demasiada atención. Su mente estaba en otro lado, como siempre, saltando de una preocupación a otra sin quedarse quieta. De todas formas, ¿qué importaba eso ahora? No era nada sencillo encontrar algo vivo en un lugar como ese. Entre tanto silencio apagado, entre tanto polvo y restos esparcidos, cualquier presencia vivaa ajena a ellos era casi un milagro. Así que decidió no darle vueltas a lo que no entendió. No valía la pena. Lo que sí importaba era que ahora estaba ahí. Frente a él. Se quedó encorvado, rascándose la nuca con torpeza, como si ese gesto pudiera acomodar sus pensamientos. Con la otra mano sostenía el arma extendida, apuntando directo al otro. La escena podía verse mal. Muy mal. Y él lo sabía. No estaba seguro de que aquello fuera una buena idea, ni siquiera una idea decente, pero… ¿qué más daba? No estaba intentando amenazarlo. No quería hacerlo. Y esperaba, de verdad esperaba, que el otro no lo interpretara así. Su voz salió más suave de lo que pensó. ¡No te asustes!, solo… solo déjame… /Y entonces disparó. Pero no fue una bala, en realidad ni siquiera hubo estruendo, ni humo, ni el sonido seco que parte el aire. En su lugar, salió una flor. Una pequeña flor que apareció como si siempre hubiera estado ahí, como si el arma hubiese decidido cambiar de propósito sin avisar. Él mismo no tenía idea de dónde la había sacado. Otra vez esa sensación de estar haciendo algo sin comprenderlo del todo.
Tal vez sí. Tal vez no. Con un poco más de confianza —o quizá con la valentía improvisada que nace cuando el corazón late demasiado rápido— levantó ligeramente la tela de su camisa. Fue un movimiento sencillo, casi automático. Luego, con cuidado, apartó la mano que el otro había colocado cerca de su rostro. El gesto fue rápido. Casi torpe. En cuanto lo hizo, el calor regresó con fuerza a sus mejillas. Estaba avergonzado incluso de haberse atrevido, pero tenía una razón: quería verlo bien. No de reojo, no a medias, no entre dudas. Quería observarlo desde todas las perspectivas posibles, como si estuviera memorizando cada detalle antes de reunir el valor necesario para hablar con claridad. Entonces, finalmente, lo dijo. Te ves… muy hermoso… /Las palabras salieron más suaves de lo que esperaba, pero en el mismo instante en que abandonaron sus labios comprendió algo: no era una ilusión de su cabeza. No era uno de esos pensamientos torcidos que a veces aparecen sin razón. Era real. Lo había dicho en voz alta. El pánico dulce de la vergüenza le recorrió el cuerpo de inmediato. ¿Era posible morir de algo así? Probablemente sí. Así que, desesperado por arreglar lo que acababa de confesar, eligió el camino más torpe de todos: hablar más. ¡Q-quiero decir…! bueno… no es que… no te veas así siempre… /balbuceó, cada palabra más atropellada que la anterior. E-es diferente… es… es… /Se quedó atrapado en su propio enredo. ¿Nuevo? No… /sacudió un poco la cabeza, rojo hasta las orejas. N-nuevo eres… eres tú. /Y apenas terminó la frase, bajó la mirada un segundo, como si necesitara reunir las piezas de su dignidad antes de que el silencio volviera a instalarse entre ambos… mientras la flor seguía descansando en el cabello de Deivy, pequeña, tranquila, como si entendiera perfectamente lo que estaba ocurriendo entre los dos.
─── /No supo en qué instante había empezado a sonreír de aquella manera tan tonta, tan abierta, como si el gesto hubiera escapado de su rostro sin pedir permiso. Lo peor era que ni siquiera estaba seguro de haberlo notado al principio. Simplemente estaba ahí, flotando en su cara como una señal demasiado evidente de lo que sentía. ¿Y si se veía ridículo? ¿Y si se veía… desagradable?. Las posibilidades desfilaron por su mente con la velocidad de un pensamiento nervioso, así que trató de corregirse. Enderezó apenas los labios, intentando disimular esa sonrisa infantil bajo una expresión más tranquila, más normal. No necesitaba exageraciones para expresar lo que llevaba dentro; de alguna forma, ese pequeño gesto bastaba. Bastaba para mostrar cómo aquella semilla que había permitido germinar en su pecho —esa que tanto había temido al principio— ahora se sentía cálida, cómoda… agradable de una forma que no sabía explicar.
Pero había cosas que no podía esconder. El rubor, por ejemplo. Ese rubor persistente que se había adueñado de sus pómulos y parecía negarse a marcharse. O su mirada. Sus ojos, casi sin darse cuenta, regresaban una y otra vez hacia los de Deivy, como si buscaran algo entre ese negro profundo: una chispa de ternura, quizá una señal silenciosa que confirmara que no estaba imaginando todo aquello. Seguía hablando, tropezando con sus propias frases, dejándolas incompletas… no porque ignorara las palabras correctas, sino porque ninguna parecía capaz de contener lo que realmente quería decir.
Y luego estaba Deivy… siendo simplemente él.
Jacob podía notar la vergüenza en sus gestos, en la forma en que evitaba sostener la mirada demasiado tiempo, en ese leve titubeo que aparecía en sus movimientos. Sabía que ambos compartían ese mismo calor incómodo que sube por el rostro cuando algo importa demasiado… aunque también entendía que cada persona se avergüenza por motivos distintos. No sabía si Deivy sentía lo mismo que él.
──⟋Las mejillas de Deivy comenzaron a teñirse lentamente de un rojo suave, cada vez más visible, como si el color de su propia remera hubiese sido robado por la piel para instalarse allí. El rubor se extendía con una calidez silenciosa, traicionándolo poco a poco. Dentro de su pecho, su corazón golpeaba con fuerza, arremetiendo contra sus costillas como si buscara escapar, o quizá como si intentara encontrar el mismo ritmo que el corazón de Jacob pudiera ofrecerle. Siempre había considerado a Jacob una persona… extraña. Pero no de una forma desagradable.
No, no era eso. Era extraño en el sentido de algo que nunca había logrado comprender del todo, como un misterio que se resiste a resolverse. Porque, por alguna razón que jamás había sabido explicar, su corazón parecía reaccionar a cada gesto suyo, incluso al más pequeño. Una palabra, una mirada, una simple presencia bastaban para alterar ese ritmo dentro de él. Un dedo subió lentamente hasta su mejilla, rascándola con timidez, casi como un gesto inconsciente. Por primera vez en mucho tiempo, no había máscara ni artificio en su expresión. Solo él. Gracias… Jacob. ⟋Pronunciar su nombre tuvo un sonido inesperadamente dulce, casi suave al deslizarse entre sus labios. Después de decirlo, Deivy desvió un poco la mirada, incapaz de sostener el contacto visual por demasiado tiempo. El bochorno seguía envolviéndolo, cálido y persistente, mientras el silencio entre ambos parecía estirarse con una calma delicada. Esperó. Pacientemente. Dejó que Jacob terminara lo que estaba diciendo, escuchando cada palabra con atención, aunque su mente siguiera latiendo al ritmo de su propio nerviosismo. Y, mientras lo hacía, una pregunta silenciosa comenzó a formarse en algún rincón de su pensamiento. ¿Cómo se veía él… ante los ojos de Jacob?
@deivyboyfriend
Rápido hija
Both you and this user will be prevented from:
Note:
You will still be able to view each other's stories.
Select Reason:
Duration: 2 days
Reason: