Otro adelanto para el penúltimo capítulo de Vine solo por tí:
Era curioso. Astrid había pasado su adolescencia entrenando sin descanso, convencida de que jamás tendría una familia o alguien cercano. La sola idea le resultaba repulsiva: siempre había querido ser independiente, no depender de nadie… hasta que encontró a alguien que la amaba de verdad. Ahora, ya adulta, había descubierto lo que significaba tener una familia. Lisa y Camicazi eran su mundo, y la pequeña, más que nadie, le recordaba a su propio yo del pasado. Quizá, si sus padres le hubieran dado más atención y cariño, habría sido distinta. No dudaba de que la quisieran, pero al comparar, Lisa ganaba. En secreto, Astrid deseaba que Lisa pudiera convertirse en su madre.
Tal vez la vida nunca le daría paz completa, pero los momentos con Camicazi bastaban para aliviar su dolor. Esa niña lo era todo para ella. A veces pensaba en Tormenta, en cuánto le hubiera gustado que estuviera allí. La pérdida de su amada dragona la había devastado, pero Camicazi, con su sonrisa dulce y su entusiasmo por parecerse a Astrid, la había cautivado. Era una pequeña alegre en un mundo marcado por desgracias, y aun así fuerte, como ella. Astrid estaba segura de que, cuando creciera, sería la chica más fuerte que conocería.
(me agarro un ataque de ideas para escribir de la nada)