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La avalancha de preguntas hizo que el pelaje de su cola se erizara sutilmente, mientras esta se enrollaba alrededor de su propia pierna. Sus orejas bajaron de inmediato; no sabía muy bien qué hacer con su cuerpo ante semejante interrogatorio. Socializar seguía siendo todo un mundo para ella y, aunque ya llevaba tiempo intentándolo, aquel mundo continuaba resultándole complicado, especialmente cuando tenía delante a alguien tan entusiasta.
Intentó, débilmente, rescatar todo lo que había conseguido entender.
⎯⎯ Sabeline real... magia sí. ¿Novela? Y, ah... ⎯⎯ Su cerebro se detuvo de golpe al procesar una palabra catastrófica para su sistema.
"Bonita".
La simple palabra hizo que girara la cabeza con tanta rapidez que casi parecía haberse hecho daño en el cuello. Sus orejas, antes gachas, se alzaron al instante y sus ojos se fijaron en la otra persona. ⎯⎯ Bonita... Ah... ¿Sabeline bonita? ⎯⎯
Seguía resultándole poco creíble que alguien pudiera referirse a ella de aquella manera. Podía aceptarlo viniendo de su mejor amigo, quien parecía encontrar belleza en absolutamente todo, pero aquello venía de alguien que apenas conocía.
Su intención inicial de adoptar una actitud arrogante y cerrada se desmoronó por completo. Las orejas volvieron a bajar, aunque esta vez en una postura mucho más dócil. Bajó ligeramente la mirada y sus manos, sin saber dónde colocarse, terminaron sujetando nerviosamente el borde de su falda.
Se encontraba, según su propia definición, en un estado "digno de una presa": demasiado dócil, demasiado quieta y, a su parecer, bastante patética.