empireos
bajó la mano a su copa, allí donde su sonrisa se reflejaba. dolíanle las comisuras de forzarlas tanto a sostenerse arriba, mientras que sus ojos carecían de algún brillo, de señal de vida; pese a que la suavidad en su mirada ayudaba a que no se viera la expresión desencajada. ──sí, claro. ──responde a una pregunta que le hacen, en aquel círculo de adultos disfrazados, obligándose a reír mientras sentía cómo se le hundía el estómago. tenía ganas de vómitar, aunque no había comido ni bebido nada, pero el simple ambiente allí le enfermaba, obligada a ir porque no tenía el poder suficiente para negarse. si su esposo pedía, su rol era obedecer de manera sumisa, era lo mínimo que podía hacer de utilidad, ¿no? siendo un inútil parásito: obedeced.
mira de reojo a Dante, charlando y riéndose con otros cazadores, vuelve los ojos a su copa de vino que no probó; supuso que esa situación era mejor que estar a solas, y desgastarse soportando al otro. después de todo, había pasado un año, y las interacciones entre ambos habían disminuido, especialmente porque beatrice ya no salía de su habitación a menos que fuese necesario. aprendió a comportarse como lo que era, infrahumana, ¿cocinar; limpiar; regar las plantas del jardín? ¿por qué haría todo eso si de todas maneras se le consideraba inútil, innecesario? su única actividad ahora era existir sin molestar y cumplir con su rol de esposa frente a la sociedad.
empireos
Ya realmente, le daba igual ese matrimonio, estaba segura de que.. si Dante decidía divorciarse de ella tras ello, sería mejor para todos. No tenía porqué soportar tal desprecio, por un hombre que ni siquiera amaba ni viceversa. ──No tienes ningún derecho a hablar de mí o de mi matrimonio.
Esa fue su última oración, antes de irse, tambaleante por la ligera sensación de vértigo y desorientación tras vómitar, a la puerta. Si tenía suerte, capaz al llegar a la calle, encontraría un auto que la atropellase.
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Balas
empireos
Ah.. aquel era el colmo, lo había soportado durante un año, en silencio, sin llamar la atención, sin quejarse, comportándose de manera que su existencia no molestara, encerrada en su habitación cada bendito día. Pero ya era el límite de lo que podía soportar, la llamaron parásito, con ello innecesaria e inútil, en su dolor nadie había volteado a verla, en su humillación nadie la defendió; y después de un año, volvía a ser menospreciada por la misma mujer con el mismo estúpido insulto, ¿y su marido? No hacía nada, no, nunca lo había hecho, incluso tenía el cinismo de llevarla a una reunión donde sabía que estaba una persona que odiaba y, cuando la llamaba parásito delante de él, ni la defendía. Nuevamente ella quedaba como una loca, desequilibrada (cosa que era), mientras esa mujer seguía tranquila y magnánima, sí, con la rubia en el suelo y vomitada. Qué contraposición más divertida, pero.. esta vez Beatrice ya no iba a sacrificarse por la paz de ese matrimonio de mentira.
Se apartó de Dante y caminó, torpe, pero llegó a Sabine, tomándola del cabello con ambas manos para tirarla al suelo con la poca y frágil fuerza que su cuerpo poseía.
──¿Ahora me defiendes y sientes empatía por mí? Sabine, gracias, eres la salvadora de mi relación. ──dice con sarcasmo, sintiendo la respiración agitada, se esforzaba por hablar con calma. ──Aunque me llamaste parásito y me empujaste al suicidio, ¿cuándo te volviste mi abogada? Sí, tienes razón, Dante no fue capaz de cuidarme, pero porque siguió exponiéndome a ti que me humillaste en mi propio hogar y hoy volviste a repetirlo aquí. ──la mirada fría se entremezcla con un sincero dolor, pero también con una pizca de alivio, al poder liberar lo que sentía, lo que había reprimido por más de un largo año.
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Balas
villa-in
──no me sorprende que quiera morirse antes de seguir viviendo a tu lado ──niega con la cabeza antes de retroceder con un deje de pena dirigido a la rubia que con esfuerzo podía elevar la cabeza y decir algo en concreto. Querer encararla sería algo que la pobre beatrice nunca pudiera hacer, mucho menos contra su esposa que no podía ser minimamente cuidadoso con quien era su mujer. Opta por apartarse de aquel matrimonio, dejandoles solos.
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