¿Conocen esa cumbia que dice “qué locura fue enamorarme de ti”?
Bueno. Yo no puedo escucharla sin pensar en Louis Tomlinson. Sí, ya sé. Ríanse. Pero esperen… en mi cabeza tiene todo el sentido del mundo.
En 2020 yo estaba atravesando el año como quien camina con el agua al cuello. Demasiadas cosas pasando a la vez, tanto en el mundo como personalmente. Y en medio de ese ruido apareció Louis. O más bien, apareció Walls. Me aferré a ese álbum con desesperación, con fe.
Después vino la promesa. Mayo de 2021. Louis en mi país, si todo salía bien.
(No salió bien)
Esperé dos años enteros. Dos años donde, sin exagerar, Louis me sacó del pozo. Yo crecí, florecí en mí misma, aprendí a respirar distinto. Un día, en mayo, finalmente lo vi, por primera vez.
Durante esos dos años no solo me enamoré de un artista. Me enamoré de una historia contada con la voz rota y honesta. De alguien que se cayó, perdió, lloró… y aun así eligió seguir. Y pensé: sí. Qué locura enamorarme de este hombre. De su música. De todo lo que representa.
Recuerdo estar en la fila para entrar al recinto, emocionada, y esa cancion sonando en mi cabeza como un mantra: qué locura fue enamorarme de ti.
Estoy tan orgullosa de él. Para mí, Louis encarna esa frase de Oscar Wilde que dice que se necesita un gran coraje para ver el mundo en toda su gloria manchada y aun así seguir amándolo. Porque eso es Louis, seguir adelante. Amar a pesar de todo. Crear incluso cuando duele.
Louis es resistencia. Louis es rebelarse eligiendo usar el dolor como una corona y dejar que crezca algo bueno de el, sin perder la fé en el futuro.
Es la prueba de que, incluso después de todo lo malo, todavía se puede elegir amar.
Creo que soy mejor persona por conocerlo, creo que veo el mundo diferente gracias a él.
Y sí.
Qué locura.