Llegamos, entonces, al final de este capítulo llamado 2025, y en el silencio de su partida, mi alma se llena de gratitud por todo lo vivido. Un año más que nos ha mostrado cuán invisible puede ser la esperanza en medio del caos y cuán poderosa la fuerza de nuestro corazón para seguir adelante. Cada amanecer y cada crepúsculo han sido testigos de una historia que seguimos escribiendo con las huellas de nuestra determinación y nuestros sueños. Y aunque las despedidas siempre contienen un aura de melancolía, también llevan en su seno la semilla de un porvenir prometido, porque en cada fin, en cada cierre, florece una promesa de comienzos nuevos, de caminos aún por recorrer, y de la certeza de que la vida, en todo su esplendor, continúa.