Ayer estuve viendo “Todo lo que nunca fuimos en el Cine y más allá de la película, hubo algo que me llamó muchísimo la atención: La sala estaba llena de chicas adolescentes.
No “había público joven”, ni "lectoras”. Estaba lleno de chicas adolescentes que habían ido al cine a ver una historia que, probablemente, ya formaba parte de su imaginario emocional antes de llegar a la pantalla.
Y ahí es donde creo que hay algo muy interesante.
Durante años hemos hablado de IP como si fuera algo que se construía desde arriba: grandes estudios, grandes franquicias, grandes presupuestos, grandes universos narrativos.
Pero cada vez tengo más claro que una parte importante de la nueva IP se está construyendo desde abajo. Desde comunidades lectoras (Wattpad, BookTok...). Desde novelas juveniles, desde historias románticas que conectan con una emoción muy concreta en un momento vital muy concreto.
No son “solo libros juveniles”. Son plataformas de validación narrativa.Una historia que funciona en Wattpad (aunque esta en concreto no haya pasado por la plataforma) no solo demuestra que alguien la ha escrito. Demuestra que alguien la ha leído, la ha comentado, la ha compartido, la ha esperado, la ha sentido y la ha convertido en parte de su identidad cultural.
Y eso, desde el punto de vista de negocio, es oro.
Porque una IP no empieza cuando alguien registra una marca o vende una licencia; empieza cuando una comunidad siente que esa historia también le pertenece.
Lo interesante de fenómenos como Todo lo que nunca fuimos no es únicamente su salto al cine. Es que representan una nueva cadena de valor narrativa: Historia → comunidad → validación emocional → fenómeno editorial → adaptación audiovisual → expansión de IP.
Y esto cambia muchas cosas. Cómo detectamos historias con potencial, cómo pensamos el desarrollo de personajes, cómo entendemos el storytelling.