Existe una crueldad silenciosa en el hecho de que te amen por tu utilidad y no por tu esencia. Te transforman en un faro rígido de piedra, obligado a resistir tormentas ajenas y alumbrar caminos, mientras nadie se pregunta si tus cimientos están agrietados o si tu motor se ha fundido en la humedad del abandono. Te exigen brillar desde la distancia de su necesidad, y el aplauso se vuelve una soga invisible: cuanto más te buscan, más deseas borrarte y volverte aire.El bloqueo no es pereza; es la huelga general de tu mente. Un mecanismo de defensa biológico y espiritual que grita "basta" cuando el exceso de carga amenaza con destruirte. Usaste tus propios cimientos para construir altares ajenos y ahora contemplas tus manos de cemento, incapaces de crear o sostener el pincel. Miras tus proyectos inconclusos como esqueletos de ballenas varadas, gobernado por una indiferencia gris y devastadora. No hay dolor que queme; solo la muerte térmica del interior, un plano de yeso y una estática molesta en lugar de arte. Eres un turista atrapado en el hotel de paso de tu propia vida.Mientras el mundo gira con prisa obscena exigiéndote volver a ser "el de antes", ignoran que ese ser murió de cansancio en el camino. Lo que camina hoy es solo un cascarón que simula vivir. El abismo ya no es una amenaza, sino una marea mansa y helada que sube en absoluto silencio, anestesiándote el cuerpo. Y en lo más profundo de este invierno, ya ni siquiera tienes la fuerza para desear que se detenga; solo te quedas congelado ante un público que espera luz, sin notar que el cristal se rompió y adentro solo quedan cenizas húmedas.
BITÁCORA: Yvainetvie_