capítulo III

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La mujer que susurraba "CRUEL es bueno" me taladraba la mente, una sensación de angustia que me oprimía el pecho. La escena se torció, y Newt apareció, siendo arrastrado por siluetas desconocidas.

"¡Jamás te olvidaré!", gritaba, su voz desgarrada por el miedo. Por un breve momento, se soltó y corrió hacia mí, nuestros labios se unieron en un beso desesperado antes de que lo volvieran a atrapar.

Caí al suelo, sollozando sin control, hasta que una mano se posó en mi hombro y una voz familiar susurró: "Tranquila, todo va a estar bien, hermana". El sentimiento de asfixia regresó, y me desperté, jadeando y empapada en sudor.

Me deslicé fuera de la cama, con cuidado de no despertar a Newt. Salí de la cabaña y me senté en el pasto, observando la luna. El aire fresco de la noche era un bálsamo para mis nervios. A los pocos minutos, sentí una presencia a mi lado. Newt se sentó junto a mí, medio dormido, frotándose los ojos.

—¿Qué haces aquí, T/n? —murmuró, su voz somnolienta.

—Volví a tener la misma pesadilla —dije, mi voz apenas un susurro—. Quería tomar un poco de aire.

—Me hubieras despertado para acompañarte —dijo, la preocupación era evidente en su voz.

—No te preocupes. Te veías muy cansado.
—No importa. Lo hubieras hecho de todas formas.

—Y tú, ¿por qué estás aquí? —le pregunté.

—Me desperté y no te encontré.Me preocupé —confesó, y la calidez de sus palabras me hizo sentir segura.

—Eres muy lindo —dije, y recargué mi cabeza sobre su hombro.

—Oye, T/n… lamento lo que pasó en el huerto —dijo, su voz seria—. Me tropecé y caí encima de ti y te besé.

Me enderecé y lo miré a los ojos. —No te preocupes. Sé que no lo hiciste a propósito.
Bajé la mirada, sintiendo el calor en mis mejillas. —Aunque... creo que me gustó.

—Tranquila. A mí me pasa lo mismo. Siento que te conozco desde hace mucho tiempo. Y a mí también me gustó el beso.

Levanté la mirada, y nuestros ojos se encontraron. Lentamente, nos acercamos hasta que nuestros labios se unieron en un beso tierno y cauteloso. Por un momento, olvidé el Claro, las pesadillas y todo lo que nos rodeaba.

—Siento que te estoy presionando —murmuró, alejándose un poco.

—No lo haces, pero creo que es mejor para los dos que esto lo llevemos con calma —le dije.

—Tienes razón. Quiero conocer cada aspecto de ti —dijo Newt, y sus palabras me llenaron de una calidez que me hizo sonreír.
—Yo también, Newt.

—Es hora de entrar. No quiero que te resfríes.

—Está bien —asentí.

Regresamos a la cabaña y nos quedamos profundamente dormidos.

 Tan puro como la vida misma( Newt y tu) EN PROCESO DE CORRECCIÓN Donde viven las historias. Descúbrelo ahora