- Entonces, en un grito desgarrador, expulsó una energía oscura debastadora, que absorbió la vida de todos los habitantes del pueblo donde vivian los incautos que lo encerraron en aquel pozo... - narraba un anciano, que tenía una gran barba descuidada , grandes cejas pronunciadas por sus pequeños ojos de color marrón, una nariz grande redondeada y a la derecha en su arrugada mejilla, a la luz de las velas que había puesto el tabernero en su mesa, se iluminaba una cicatriz que iba del pómulo al mentón en paralelo con su tabique. Era un día oscurecido, acababa de llegar el invierno y ya era el segundo día que llovía. Una lluvia que caía con fuerza en el suelo y en los techos hacia crujir hasta la madera más robusta, y cuya humedad desprendida empañaba los pequeños cristales de la oscura taberna. Taberna tan fría, que dejaba un vapor con cada respiración. El señor da el último sorbo de la cerbeza, se levanta de su mesa apollandose en las piernas y se dirige a la barra a pasos de enano. Llevaba ropa de campo aparentemente vieja y rasgada por el tiempo. Haciendo un gesto al gordito tabernero que se posiciona limpiando la barra con un trapo, le hace reaccionar y empiezar a cervirle otra jarra.
- ¡ja! Como sigas contando esos cuentos para niños dejaré de servirte cerbeza - dijo el camarero mientras llenaba la jarra de cerbeza. El hombre arapiento sonrie y se acerca a un hombre que estaba tranquilamente tomandose su birra
-¿cuento? Jaja, ¿que opinas usted? ¿Crees en la historia que estoy contando? -dijo mientras posaba su mano en el hombro de este, que no hizo ni un gesto o movimiento al respecto
- esa historia se la inventaron los malditos anarquistas, anciano- respondió el tabernero mientras le pasaba la jarra- todo el mundo sabe que el pueblo de Nomb era conservador y un objetivo perfecto para esos impresentables- alegó mientras se apollaba en la barra. El señor mayor suspiró, cojió la jarra de cerbeza y bebió un poco
-¡ahh! a pesar del frio, la cerbeza sienta muy bien jaja- dijo el hombre mientras dejaba la jarra en la barra
- Pero Jonh no has dejado responder al señor- el tabernero al escuchar la insistencia del incrédulo al que tomaba por cuentista en un suspiro vuelve al trabajo. El canoso señor se acerca al hombre, que seguía tranquilamente tomandose la cerveza - sinceramente, ¿crees en la existencia de "Axem el emisario de la muerte y la oscuridad"?- pregunta en un tono satírico con una final risa entre dientes-.
El hombre sentado en la barra tenía puesta una capucha negra bordeada de rojo que no dejaba ver el rostro por la poca iluminación del local, que tenía una cazadora típica de caza recompensas de cuero negro y los botones de color rojo vino abrochados de la cintura al esternon. Casi arrastraba la parte de atrás por el suelo, tenía unos pantalones vaqueros azules oscuros sujetados por un cinturón que incluía un par de bolsos incorporados, unas botas anchas oscuras; en la mano llevaba puesto unos guantes de piel negros y finalmente colgaba un cruzifijo de plata por el cuello. El hombre agarró su cerbeza y tomo un trago largo
- la pregunta es ¿Que estás dispuesto a creer, anciano?- dijo con voz muy grave mientras lo miraba de reojo dejando ver unos grandes y penetrantes ojos rojos. Acto seguido mostró una sonrisa amable pero irónica dejando ver que la historia no le importaba drmaciado. El hombre centró de nuevo la mirada al frente, volviendo a ocultar sus ojos en la sombra propagada del sombrero
-Preguntar que creo, es preguntar a que temo, ¿a la muerte o a la vida?... y no temo a nada- dijo mientras se levantaba de la butaca, camina hacia la puerta de salida y coge lo que parece ser la funda de una guitarra.
- ¡eh! ¡Usted!¡Se va sin pagar!- interrumpió el silencio el tabernero desesperado. Al momento justo en que el hombre abría la puerta
- ¡Uy si! jaja perdone- respondió al tiempo que se daba la vuelta y arrascandose la cabeza en señal de vergüenza. Cuando se dió la vuelta la escasa claridad iluminó completamente su cara, tenía la piel blanca con un poco de tono moreno por el ardiente sol del desierto, aparentaba entre 20 y 25 años, poseía una barba poblada y cuidada unas sejas pequeñas, el pelo en forma de capa negro como el ébano que dejaba que un par de mechones del flequillo cayeran hasta el tabique de su pequeña nariz resaltando aun mas el color rojo de sus grandes ojos
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Darknight
FantasyEl reino de Lloém llega a finales de una guerra civil, donde anarquistas y patriotistas lucharon sin piedad con tanto impetud y durante tanto tiempo, que el conflicto se ha frenado por falta de fuerzas en los bandos, dejando en caos y sin mas seguri...