En una época donde ser diferente es tachado como algo negativo, dos chicos deberán lidiar con sus sentimientos y elegir lo correcto para no poner en riesgo su integridad. Pero su felicidad puede verse afectada, ya que muchas veces lo correcto puede...
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La seguridad lo abandonó en cuanto lo vio parado de espaldas con su grupo de amigos. Reprodujo una y otra vez la conversación que había tenido con él, donde él le advirtió que no le dirigiera la palabra. Eliseo no estaba exactamente dispuesto a obedecer las órdenes de ese chico como si lo que él dijera fuera palabra santa. No tenía por qué hacerlo, aunque sabía perfectamente que si a Ángel se le ocurría vengarse, no solo estaba él, sino todo el equipo de fútbol, que probablemente estarían encantados por darle una paliza al mariquita del colegio. Se detuvo antes de llegar hasta donde estaba Ángel para pensar en algo más acertado. Entonces, recordó que él le dejó una nota en su casillero la primera vez, así que, ¿por qué no hacer lo mismo? No pensaba robarle demasiado tiempo, solo quería reclamar lo que era suyo, aunque al final acabara rompiéndolo en mil pedazos.
Así que, luego de planearlo minuciosamente, eso fue exactamente lo que hizo.
La nota que le dejó a Ángel fue escueta, quizá algo ruda, pero estaba bien, porque Eliseo estaba molesto, y su intención era demostrar que no le importaban las amenazas solapadas del chico; él quería su dibujo de vuelta.
Lo citó a la salida de clases en la parte de atrás de la cancha de fútbol, cerca del galpón donde guardaban las pelotas y otros utensilios de la cancha. Sabía que muy poca gente iba allí; por un momento se le cruzó por la cabeza que podía ser peligroso, pero si los amigos de Ángel quisieran darle una paliza, probablemente lo harían en cualquier lado, y nadie iba a meterse para rescatarlo.
A la hora pactada, hizo tiempo mientras todos se marchaban y luego se fue hasta el lugar de la cita. Esperó sentado en el pasto durante aproximadamente media hora, y cuando estaba a punto de marcharse, mucho más molesto que antes, vio a Ángel aparecer, con su bolso deportivo colgado al hombro.
—Te dije a las seis, son casi las siete —le reprochó, en tanto se limpiaba el pasto de los pantalones.
Ángel se encogió de hombros, luego hizo una mueca con los labios, indicándole a Eliseo que la puntualidad no le importaba demasiado.
—¿Qué es lo que quieres? —preguntó a secas.
—En la nota lo puse. Quiero mi dibujo de vuelta.
—¿Cuál dibujo?
Eliseo apretó los dientes.
—El retrato que hice de ti. Lo quiero de vuelta.
—¿Y por qué debería dártelo?
—Porque es mío, y tú y yo no somos amigos.
Ángel soltó una risa burlona que solo consiguió hacer que Eliseo se enojara todavía más.
—¿Esto es una excusa para seguir viéndome o algo así? Lo que pasó en la playa fue una estupidez, ¿está bien? Deja de perseguirme.
—Yo no estoy persiguiéndote. Solo quiero mi dibujo de vuelta, y ya no volveré a dirigirte la palabra nunca más en mi vida.