Capítulo 1
{Electra}
Mirar a través del espejo nunca me había consolado tanto como en aquel momento. Lágrimas secas corrían por mi joven rostro. El vestido negro que nunca pensé usar, adornaba mi cuerpo. En menos de seis meses, conocí la felicidad de sentirme amada por un hombre, y lo perdí.
Me mataron a mi compañero.
Nunca me sentí tan desolada y abandonada, ni siquiera cuando fui entregada a un orfanato por mis propios padres. Describir el sentimiento era tan difícil como preguntarle a un poeta, si amaba la poesía, cliché, pero así de dramático.
Para aquel momento cuando pensaba en la vida, ya había perdido las ganas de vivir en ella. Pero más que una decisión, estaba la obligación.
No me voy sin antes cobrar lo que me deben.No estaba en mi vocabulario la palabra cobarde.
—Estaré bien. —aseguré a mi suegra. Ella me peinaba el cabello para relajarse y mantenerse fuerte. Pero yo sé que está más destruida que yo. Esa mujer me conoce como si fuera mi madre, mentirle era inútil. Y decirle la verdad siempre provocaba heridas que solo la muerte sanaba.
—No estoy tan segura de eso, cariño. Heridas como estas solo el tiempo las cicatriza, pero nunca sanan.
Sus hermosos ojos color avellana,están gastados de tanto llorar la muerte de su hijo mayor.Mi Jason.
—¿Cómo pudo suceder esto? —pegunté entre lágrimas ahogadas, como si no supiera la respuesta de tan estúpida pregunta.
—Jason es dueño de estas tierras, Electra. Siempre hay gente que no acepta un no por respuesta. Siempre hay una razón parajustificar la avaricia.
—Estábamos bien, solo pasaron seis meses después de que decidiéramos casarnos. —Me levanté de la silla y la abracé con fuerzas. Ella me correspondió y lloró, empapando con sus lágrimas mi largo cabello negro. Era entonces ese el momento de desfallecer una en la otra. Aferrarnos a los sentimientos que pudiéramos salvar en ese momento. Aunque parecía imposible, bueno o malo, siempre había una decisión que te mantenía respirando el aire que no te pertenecía, pero que aún así llamabas tuyo.
—Lo sé, pero también sé que eres fuerte. Mi hijo te dejo estas tierras y tienes que
protegerlas. Es todo lo que el luchó para un futuro contigo. Sabrás cómo usarlas. Confio en ti, mi niña. Creo en las fuerzas que aún no encuentras.—Voy a levantarme. Todos los que me dañaron, los haré pagar por lo que me hicieron, por lo que nos arrebataron. Es una promesa, es lo único que me hará vivir. —declaré con las lágrimas extintas que se han evaporado de mi rostro.
—Esa es mi hija. Pero no es bueno guardar rencor. Deja ir a los malos y levanta estás tierras. Puedes cultivar cualquier cosa, o comprar animales. Mis hijos podrían ayudarte. —Sus hijos, todos, eran dueños de terrenos, pero mi marido había sido el único en no hacer nada con aquellas tierras. Él, era profesor en la escuela del pueblo. Eso sin duda era para mí, un enorme orgullo. La humildad era esa forma que tenia de ser el mismo. Pero sin duda lo había llevado adonde estaba. Ese fue su gran error. Y yo no era la única que podía dar fe a esas palabras. Su madre me decía con la mirada lo que de sus labios ella se negaba a confesar.
Aquella mujer era lo más parecido que tenía a una madre. Sus hijos eran mis hermanos y Jason era mi salvador. El me recogió de la calle cuando solo tenía quince años. Me había dado amor y un techo donde vivir. Ahora estaba muerto y yo era la dueña de esas malditas tierras. Sonaba tan repetido como el pasar del tiempo, pero eso no lo hacía falso.
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Diamantes & Póker
ChickLitÉl tiene el brillo, ella la oscuridad. La perfecta combinación de la desigualdad en una sola frase. La mujer posee la inocencia, el hombre el pecado. Pues no siempre lo escrito es cierto, y no siempre lo hablado es falso. Ambos cometen el pecado y c...