Capitulo 8

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_______ estaba lista. Se había arreglado, depilado, pulido y perfumado cada parte disponible de su cuerpo antes de decidir que no iba a conseguir estar mejor. Diana le dio algunos consejos sobre maquillaje y le recordó que estaba representando el buen nombre de Diana Tomlinson, así que no lo arruinara.

El nerviosismo hizo que ______ sintiera nauseas. Se vio en el espejo por millonésima vez. Movió un mechón de cabello, colocándolo detrás de su oreja. El reflejo no era ella. No sabía quién era esta mujer. La voz detrás de ella la hizo saltar.

—Luces increíble. Espero que me haya costado un montón de dinero —dijo Louis con una sonrisa. Envolvió sus brazos alrededor de su cintura y observó el reflejo de los dos en el espejo—. Nunca conseguimos tomarnos fotos de bodas para portarretratos.

—Algo bueno —dijo ______, sonriendo de regreso a él—. Hubiese sido difícil explicar la diferencia en tú esposa después de solo una semana. —En privado siempre parecía fácil. Ella era ______ en esos momentos.

Él tomó su brazo y la guió hasta la puerta.

—Tenemos reservaciones para la seis, y no quiero llegar tarde.

Ella tomó su chal y lanzó una mirada alrededor de la casa. Esto será divertido. Esto será divertido. Esto será divertido. Quizá si se lo decía suficientes veces, empezaría a creerlo. Por supuesto, si ella fuera Diana no hubiese tenido que esforzarse en pasar un buen rato con su esposo, quien era el hombre más apuesto en todo el Estado de New York.

Esta noche llevaba un traje diplomático de rayas. La camisa blanca mostraba su bronceado, y la corbata estaba salpicada con pequeños autos de carreras a los que les salía humo de los diminutos silenciadores. Él era perfecto con una pequeña dosis de indiferencia.

Él colgó su brazo a través de sus hombros.

—¿Estás lista para una fabulosa cena? Este lugar es mi favorito.

Él abrió la puerta para ella mientras se deslizaba en el asiento del pasajero.

—¿Qué tan a menudo vienes a este lugar?

—De vez en cuando. Está más o menos fuera del camino.

Ella sonrío con suficiencia. Por supuesto que estaba fuera del camino. Era a donde llevaba a sus mujeres. Allí era en donde montaba su trampa para deslumbrar a inocentes mujeres que eran lo suficientemente afortunadas para pasar la Prueba de Louis Tomlinson para Mujeres Fáciles. Ella se rió audiblemente.

—¿Por qué fue eso? —preguntó él mientras cerraba la puerta del conductor.

—Oh, nada.

Él se encogió de hombros y encendió el negro auto deportivo.

—Hay otra carrera este fin de semana. ¿Puedes ir a ésa?

Ella escuchó la súplica en su voz.

—Estaré allí. Esto es muy amable de tu parte, el que me saques para enseñarme sobre los paparazzi. Estaré lista.

Él trató de consolarla explicándole sobre su remolque y donde ella se estaría quedando para no ser vista. Por supuesto, las cámaras podían encontrarla casi en cualquier lado con teleobjetivos. No estaba feliz con esa pequeña información, pero se negó a dejarle saber eso.

Louis estacionó su auto en un callejón y apagó el motor.

—Estacionamiento especial —dijo, sonriendo. El restaurante era pequeño, no más que un agujero en la pared. Estaba junto a uno de los muchos frecuentes viñedos en la isla.

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⏰ Última actualización: 6 days ago ⏰

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